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jueves, 2 de mayo de 2013

Recursos en la red sobre la Generación del 98



1. El darwinismo
La tentativa de aplicar las leyes de la evolución biología a la evolución social, constituía una filosofía intelectualista, basada en la idea de que los problemas sociales de los hombres tenían solución racional. El evolucionismo de Darwin tuvo gran impacto en la mayoría de la Generación del 98, en especial en Unamuno: El darwinismo atacaba la teoría bíblica de la creación del mundo con la teoría de la evolución. Por eso Unamuno no hablará de Cristo sino del Cristo, el hombre convertido en Dios por el anhelo que tenemos los seres humanos de que la vida tenga sentido. (1) 
2. Unamuno sobre la ciencia española
Unamuno colaboró activamente en el empeño de renovar nuestra nación y apoyó las nuevas ideas científicas de su época. Ejemplo de ello es su defensa de las teorías evolucionistas y la relación epistolar y personal mantenida con las principales figuras científicas españolas de aquel momento, estando parte de ellas vinculadas a la psicología. Unamuno tuvo amistad con dos intelectuales españoles que realizaron valiosas aportaciones a la psicología: Ramón Turró y Eloy Luis André. La relación con Turró le llevó a realizar una interpretación filosófica de las tesis filosóficas de éste. Respecto a André, la influencia y el magisterio de Unamuno le encaminaron hacia la psicología científica y a abordar la “problemática” de España en base a criterios psicológicos. (2) 
Unamuno realizará una "Filosofía de la evolución" como "un esquema de construcción filosófica partiendo del estado científico del problema en el darwinismo clásico. (3) 
3. Sobre las causas de la decadencia española, del Desastre
En 1898 España es derrotada por los EEUU perdiendo los últimos vestigios de su imperio colonial: Cuba, Puerto Rico y las Filipinas.  La crisis del 98 puso de manifiesto ante la sociedad la decadencia de España, denunciada por krausistas e institucionistas, causa y efecto del anquilosamiento de sus estructuras: políticas, atrapadas en el caciquismo; económicas, subordinado a un sector agrario atrasado; sociales y culturales, fruto de las del analfabetismo y enquistamiento de una universidad vuelta al pasado. Esto provocó, en sectores de la sociedad, unos debates sobre la situación de España y sobre las soluciones que deberían adoptarse para salir de la crisis.  En esta situación de depresión surge una generación de intelectuales cuya intención es una “regeneración” nacional a nivel económico, político y social. El Desastre de 1898 hace aparecer a la Generación del 98. (4) 
4. El modernismo
La generación modernista nace paralela a la Generación del 98. Mientras que los “modernistas” tienen una actitud estética y  se preocupan por el estilo, el pasado y la evasión, huyendo de la realidad; los de la Generación del 98  tienen una actitud más ética y se preocupan más por lo nacional. No obstante, tanto unos como otros intentan una renovación literaria de España. Abogaban por una "europeización" de España. Para Unamuno esa europeización debía abarcar también una "españolización" de lo europeo. (5)
5. Polémica entre la Gente Nueva y la Gente Vieja
Coincidiendo con el Desastre de 1989, a los modernistas se les cataloga como Gente Nueva, pero no a los de la Generación del 98 que fue una invención tardía de Azorín, para tener una ubicación literaria. Estos autores comenzaron a escribir en una vena juvenil crítica e izquierdista que más tarde se orientará a una concepción tradicional de los viejo y los nuevo.  La polémica fue generada por los propios protagonistas y surgió cuando algunos de sus miembros fundadores, entre los que se encontraban Pío Baroja y Ramiro de Maeztu, negaran la existencia de dicha generación.   La negación supuso un gesto polémico y contrario a la catalogación académica, muy propio del noventayochismo. El grupo se caracterizó por la combatividad, especialmente frente al Gobierno y las instituciones académicas oficiales, pero también entre los mismos componentes, que acabarían apoyando bandos distintos durante la guerra civil del 36.
Ortega y Gasset distinguió dos generaciones en torno a las fechas de 1857 y 1872, una integra por Ganivet y Unamuno y otra por los miembros más jóvenes. 
En 1902 el debate sobre el modernismo se hizo polémico. Desde el Renacimiento apelativos como Gente Nueva, los nuevos, los novísimos, se han ido sucediendo cada vez que algún individuo o grupo, normalmente de jóvenes, quería afirmar su existencia y delimitar un espacio político, cultural y artístico autónomo; un espacio disidente -diferente u original- respecto de las ideas, valores y prácticas en vigor. Para Azorín, Gente Nueva era la que constituía su nómina generacional. 
La revista Gente Vieja, reducto de los escritores de cierta edad, planteaba una encuesta sobre el tema. Las respuestas permiten apreciar la desorientación existente sobre lo que debía entenderse por modernismo. Al margen de su malestar político, en el fondo la rebeldía del grupo está animada por el deseo de desplazar a la gente vieja, cosa que empezará a suceder en 1902, cuando algunos de ellos publiquen obras de cierta repercusión. (6)
6. Polémicas entre los autores
Entre Maeztu y Unamuno. Maeztu reconocía la valía de Unamuno pero nunca tuvo una admiración reverencial y acrítica, aunque le consideraba  un agitador intelectual (7). La polémica entre ellos  empezó por unas afirmaciones de Unamuno acerca de Japón (8) en la que afirmaba que el no tener conciencia individual llevaba a los pueblos a la indiferencia. En cambio el espíritu de la conciencia occidental se basaba en el individuo. Maeztu le critica diciendo que era un gran egotista, cosa que no negaba Unamuno, ya que opinaba que debía sus mejores trabajos a la preocupación de su yo y en su anhelo de hacerlo sobrevivir e imponerlo a los demás. Otro punto de controversia fue por llamar Unamuno a Maeztu, esclavo,  por adherirse a la dictadura de Primo de Rivera (9).

Maeztu además criticó a Unamuno por la campaña que hizo contra Alfonso XIII por desprestigiar los poderes públicos. (10)

Entre Ortega y Maeztu. Se entablará en los periódicos y en una nutrida correspondencia desde 1908, en que se discute el valor de la labor de la «generación», que incluye Maeztu, Unamuno, Baroja, Azorín, frente al problema de España y la política española.  El contexto fue la idea de hacer una camparía socialista en España entre algunos intelectuales. (11)
Entre Azorín y Blasco Ibáñez. El 23 de noviembre de 1913, Azorín es objeto de un homenaje en Aranjuez. Su meta era solidarizarse con él por sus intentos fallidos de entrar en la Real Academia Española. A los actos se une, por carta, Galdós, pero no Blasco. A esta Fiesta acudieron representantes europeos. España estaba representada por Blasco. Azorín afirma no sentirse representado por él y que "la obra literaria del Sr. Blasco Ibáñez nos inspira poco interés". El motivo de este feroz ataque se debe - según Azorín - a que " la fiesta se hubiera deslizado gratamente, sin ningún detalle desagradable que lamentar, a no ser por una desdichada ocurrencia de Blasco. (12) 
Desde 1910, cada uno de los escritores del 98 inició una evolución personal que les llevó de una ideología inicial radical (Azorín y Baroja -anarquistas, el socialismo de Maeztu, marxismo de Unamuno) a unas posturas más conservadoras.(13)

7. Sobre el premio Nobel de Literatura concedido a Echegaray
La concesión del premio Nobel de Literatura al dramaturgo madrileño José Echegaray, provocó la airada protesta de los jóvenes componentes de la "Generación del 98", y muy especialmente la del propio "Azorín", Pío Baroja y Antonio Machado. Frente al espíritu renovador de estos autores, la obra de Echegaray y sus contemporáneos representaba los valores morales y estéticos de la España que había sucumbido con el desastre del 98; además, según estos nuevos escritores, en el caso concreto de Echegaray se daban los agravantes de que sus piezas teatrales se distinguían por la escasez de ideas originales y la pésima calidad de su expresión lingüística. (14) 
8. Sobre el significado del Quijote
Los autores del 98 tomaron de modelo la figura del Quijote. Don Quijote era el héroe de la literatura española en el conocimiento de Unamuno y Ortega y Gasset. Para Unamuno, Don Quijote es la figura trágica de la libertad, es decir, el héroe fragmentado por sí mismo: el héroe trágico que simboliza el espíritu de la fe frente al espíritu prosaico común del mundo. Por otra parte, para Ortega Don Quijote significa la afirmación de la vida por la cultura, la función vital del héroe como un órgano de libertad. (15)
En el artículo «Quijotismo» de octubre de 1895 escribe Unamuno: «El mundo lo llevamos dentro de nosotros, es nuestra representación». (15) 
En la obra de Unamuno “La vida de don Quijote y Sancho” (1905) sirve como contraposición a la idea de la europeización de España. Realza la independencia y el voluntarismo de don Quijote, el cual representa el alma española rechazando la lógica para seguir su propia fe y visión personal. El "problema de España" se define ahora como una falta de "Quijotes," y Unamuno insiste en la necesidad de "rescatar el sepulcro del Caballero de la Locura del poder de los hidalgos de la Razón." (16)
9. Sobre la Primera Guerra  y el patriotismo
En 1914, con el comienzo de  Primera Guerra Mundial, la Generación del 98 entra en una etapa de reflexión, dando paso a una nueva generación de autores que siguieron la senda de la renovación estética iniciada por sus predecesores avanzando por los caminos de la vanguardia. Son los escritores y artistas que se conocen como generación del 14. En el campo del pensamiento destacó Ortega y Gasset. Su actividad crítica y cultural actuó de forma correctiva sobre el irracionalismo de muchos autores del 98. Llegó a proponer una política que fuera novísima, áspera y técnica. (17)
Se asistirá al fin de todo un mundo, el de la Europa nacida con la Ilustración, el malestar de la cultura respecto de los valores de la Razón, cristalizada en el positivismo como ideología. Su meta es la europeización de la cultura española, buscando la belleza y la perfección formal. Dejan atrás el pesimismo para emprender un trabajo creativo, buscando lo universal de España y no su encierro nacionalista. (18)
BIBLIOGRAFIA
  1. Darwinismo social. Wikipedia
  2. www.books.google.es
  3. Unamuno. Estructura de su mundo intelectual
  4. www.pendientedemigracion.ucm.es
  5. Modernismo y Generación del 98. Justo Fernández López
  6. www. liceus.es
  7. Maeztu-Nuevo Mundo Octubre 1909
  8. La correspondencia de España 1907 por Maeztu
  9. Art. “El Sol” del 29-7-1924
  10. Ensayos moderadamente polémicos. Defensa de la Hispanidad (Ramiro de Maeztu
  11. cvc.cervantes.es
  12. wwwrafaelpoveda.com - www.modernismo98y14
  13. www.lapresentacion.com Generación del 98
  14. Wikipedia.es
  15. Praxis.univalle.edu.co
  16. www.swarthmore.edu
  17. www.artehistoria.jcyl.es
  18. frasesypensamientos.com.ar

Cartas Finlandesas, Ganivet




Ángel Ganivet García (Granada, 13 de diciembre de 1865 - Riga, Letonía, 29 de noviembre de 1898) fue un escritor y diplomático español que perteneció a la Generación del 98, proyectando su lucha interior sobre su visión de España en su obra Idearium español. 

Ganivet en Cartas Finlandesas, nos muestra la opinión que las mujeres finlandesas tienen sobre los españoles y las españolas. En primer lugar comienza su texto definiendo a la mujer finlandesa como ser superior al hombre finlandés en inteligencia. La mujer finlandesa desarrolla sus actividades en un marco de igualdad y de libertad, pues como el propio Ganivet relata tras su propia experiencia, las mujeres pueden reunirse con hombres para realizar actividades sin ser juzgadas por sus novios, maridos o padres. En esta misma situación la mujer española si hubiese sido juzgada. 

En Cartas Finlandesas, Ganivet profundiza en la idea que las mujeres finlandesas tienen sobre los hombres españoles. El estereotipo de hombre español se basa en el hombre orgulloso, duros de corazón, semibárbaros o semiprimitivos. Además el hombre español es proclive a la guerra, lo que convierte a España en una ciudad sin ley, en la que las mujeres no pueden ir solas por la calle pues sería muy peligroso para ellas. 

Esta concepción del hombre español, se fundamenta en las creencias religiosas de los españoles, es decir, en el catolicismo y en las celebraciones taurinas pues son símbolo del atraso intelectual. Tampoco ayuda a la creación del estereotipo español, la información que reciben a través de los manuales de estudio. En el apartado sobre la Historia de España, los finlandeses estudian hasta la Reforma de España pero a partir de ese momento la Historia de España es algo más turbio. 

Con respecto a la idea que las finlandesas tienen sobre las mujeres españolas consideran  que las españolas son esclavas del marido y de su hogar, seres de mucha belleza pero de poca inteligencia. Las finlandesas sienten lástima por todas las españolas pues la mayoría son analfabetas y viven sometidas al marido. 

Como el propio Ganivet explica la situación de las mujeres está cambiando y que los índices de analfabetismo están disminuyendo.

Como concepción personal considera a la mujer finlandesa la que debería sentir pena de ella misma pues la mayoría quedan solas, sin familia y sin marido pues rechazan a todo por dedicarse a sus estudios y a sus profesiones. En contraposición, en una concepción machista, considera a la mujer una afortunada de no tener que hacerse cargo de sustentar a una familia y que se aprovechan de sus maridos. 

José Martínez Ruíz, Azorín


José Martínez Ruiz, conocido popularmente como Azorín, es una escritor perteneciente a la Generación del 98 pero que no solo destaca por sus obras literarias sino también por sus escritos periodísticos. Por ello es un autor que nos interesa para nuestra revista cultural El Papel Literario. 

Nuestro trabajo sobre Azorín se estructura en seis partes: 
  1. Introducción
  2. Azorín  y la generación del 98
  3. Azorín y el periodismo
    • Cien artículos de Azorín en la prensa
  4. Azorín y el cuento
    • La ruta de Don Quijote
  5. Azorín y la novela digresiva
    • Las confesiones de un pequeño filósofo
  6. Estructura, significación y sentido de la voluntad
    • La voluntad

La siguiente presentación de power point puede servir de ayuda para la compresión de los puntos principales de nuestro trabajo que se encuentran publicados en este blog. 




La Voluntad, Azorín


El argumento de la novela es insustancial, demasiado tenue y se basa en la reflexión y la sensibilidad que se define en la personalidad de Yuste en la primera parte y de Antonio Azorín en lo sucesivo.
La voluntad testifica la obsolescencia de la novela tradicional, anticipa lo que serán la novela lírica y vanguardista y es el modelo de la llamada” novela pedagógica”. Es una novela de la España negra, mazorral y profunda, trabajada por el estoicismo y la tristeza.
La pareja de Yuste y Azorín consiste en una larga cadena de reflexiones acerca del sentido y los horizontes del ser de España en un ámbito ideológico.
Azorín asume la rutina y la inercia de lo vulgar: matrimonio con la Iluminada, mezquinidad del medio rural, ideología conservadora mostrenca. Su degradación se simboliza en las litografías religiosas que adornan su casa y en su asentamiento resignado en el asunto del estandarte del Santísimo.
La novela en sí describe como luchan los personajes por encontrar una solución vital. Un hombre que está roto psicológicamente y trata de incorporarse a la vida de un ambiente extraño para él. Se pregunta el porqué de su existencia. Su vida misma se convierte en la crónica de toda una generación española.
En la primera parte se limita a hacer una descripción de la ciudad (Yecla) con todos los elementos que componen a una ciudad de la época religiosa de entonces.
Utiliza a Puche y Justina para explicar el sentir del hombre ante el mundo. Puche es un viejo clérigo de sesenta años con cara escuálida. Utiliza palabras untuosas, benignas, mesuradas y sugestivas. Justina es una moza fina y blanca que parece que siente pasión por Azorín pero acaba dedicándose al aspecto religioso y metiéndose en un convento. A través de conversaciones entre ellos refleja el anhelo del hombre ante la riqueza, cómo se acongoja vanamente y cómo los animales son más felices que los hombres. Trata la idea de que la sencillez ha huido de nuestros corazones. Hace alusiones a la Biblia con pasajes de Jesús para reflejar las andanzas y pensamientos de los personajes.
Azorín es un mozo ensimismado y taciturno que habla poco y reflexiona mucho. Escucha mucho al maestro y tiene su espíritu saturado de tristeza. El maestro le aconseja que todo pasa, que el tiempo tampoco es eterno. La eternidad no existe. Donde hay eternidad no puede haber vida. Vida es sucesión de tiempo y el tiempo cambiante siempre es la antítesis de eternidad, presente y siempre. Él es un periodista representativo de la época pero es anárquico.
La novela trata aspectos profundos y psicológicos a través de los diálogos del maestro con los personajes. Para el maestro la sensación crea la conciencia y la conciencia crea el mundo. No hay más realidad que la imagen, ni más vida que la conciencia. No importa que la realidad interna no acople con la externa. El error y la verdad son indiferentes. La imagen es todo. Y así es más cuerdo el más loco.
Entre sus conversaciones también tratan temas  de los hombres en sociedad. Si cambiamos el medio de hacer las cosas, podemos conseguir que el trabajo y el placer se complementen y cambien al hombre. La fuerza es lo que mantiene el miedo, de la fuerza brota la propiedad, y de la propiedad el Estado. Tratan temas sociales que afectan a las personas como el poder, la regeneración de España, la no creencia en los valores para conseguir una sociedad eficiente.
Tanto Yuste como Azorín son en la novela espíritus avanzados, progresivos, radicales. En ellos hay cierta inquietud, desasosiego, reacción contra la idea fija. El personaje de Iluminada es una voluntad espontánea y libre. 
Al morir al final de la primera parte Justina y Yuste, Azorín tras pasar por duros momentos como un descabellado romántico y con el espíritu apagado, comienza a centrar su cabeza y sus pensamientos hacia Iluminada. A raíz de los acontecimientos y ya en la segunda parte el autor nos muestra a Azorín como periodista por Madrid. Lo que le inspira más repugnancia es la frivolidad, ligereza, la inconsistencia del hombre de letras. Para él, un político es un hombre que se mueve mecánicamente, que pronuncia inconscientemente discursos y hace promesas que no va a cumplir. Él es un revolucionario y crítico de la sociedad en la que se rodea y la única salida que encuentra para soportar esto es la literatura. Dice que el periodismo ha sido la contaminación de la literatura. Tras diez años en la capital de España, hastiado de periódicos y libros regresa  de nuevo al pueblo y cada vez más decepcionado. 
Tanto en la presentación del aniversario de Larra como con sus profundas meditaciones en la Biblioteca Nacional, las conclusiones a las que llega Azorín por sus pasos por Madrid es que su pensamiento está vacío. Siente una disgregación de la voluntad y de su personalidad. Yuste influyó en él y en su espíritu y Justina hizo también que se rompiera su propia voluntad. Le faltaba la fe y no creía en el progreso.
La parte tercera del libro está constituida por fragmentos sueltos escritos a ratos perdidos por Azorín, con su espíritu perdido y extraviado. Unas cartas del propio Martínez Ruiz a Pio Baroja nos permiten intuir el final de la novela en las que Azorín pierde la voluntad.

Estructura, significación y sentido de La Voluntad de Azorín


La primera novela de Martínez Ruiz (quien le roba el nombre al protagonista y lo convierte en su pseudónimo Azorín) fue La Voluntad en 1902. Una de las mayores características de esta obra es que se trata de una metáfora poética por sus valores estrictamente literarios, además de la significación entre el presente y el pasado. Se puede entender como una autobiografía moral e intelectual debido, no sólo a la historia que narra, sino también a la estructura que utiliza. Está compuesta por una forma discursiva innovadora que ayuda al lector a encaminarse hacia un determinado significado que el autor quiere inculcar al lector: el sentimiento de claudicación de un grupo de intelectuales que habían creído en una posible regeneración económica, cultural y política de España del siglo XIX y los hombres del 98 que se entregaron a la literatura.
Otro de los rasgos que caracterizan a la novela es la insistencia de lo religioso. El prólogo comienza introduciendo aspectos que dirigen al lector hacia el campo de lo eclesiástico. Durante toda la obra podemos observar como el autor hace un detalle minucioso de cada uno de los elementos característicos de la religión en la ciudad, desde campanas hasta torres de iglesias, cuadros, curas y beatas.
Se une además la insistencia en los aspectos religiosos con el determinismo naturalista. Toda la vida de la novela está ciertamente condicionada por lo eclesiástico y por el espíritu de los habitantes del pueblo. El novelista enfrenta lo religioso con lo civil.
Los personajes que aparecen en la novela son puramente religiosos, algunos escépticos y sobretodo se preguntan mucho por el porqué de las cosas. Indagan profundamente en cada tema que les aflige. Puche, clérigo de voz dulce y susurrante, ser convincente que arrastra el pensamiento del oyente con todo tipo de recursos lingüísticos. Justina, joven pronta a la abnegación y al desconsuelo, recoge las palabras del maestro. Es muy impresionable y se entrega a la voluntad de Puche quien le transmite que la vida es continuo dolor y que los hombres deben ser buenos, pobres y sencillos y los grandes tienen que ser humillados y los humildes ensalzados.
Martínez Ruiz se basa en aspectos de libros de Schopenhauer, entre ellas la más importante: el mundo como voluntad y representación. El filósofo alemán se basa en el pesimismo y la voluntad. Para él el mundo no es sino una representación subjetiva, aunque lo conocemos y lo vivimos. Para vivirlo es preciso la voluntad, que no es sino eterno desear y, por ello, un permanente estado de inquietud e insatisfacción. La voluntad del hombre es, pues, voluntad atormentada y, como es la voluntad del mundo (de nuestro mundo) éste es un mundo irresuelto, carente de sentido. No queda otra salida, si se quiere la liberación del dolor, que la negación de la voluntad, del desear, de la insatisfacción. Y esto sólo se consigue huyendo del mundo (lo subjetivo) para pasar a un estado contemplativo (lo objetivo).
La postura intelectual de los personajes de Puche y Yuste no deja de tener algo en común. Para Puche, el sacerdote, el presente carece de sentido, es un tránsito. Para Yuste, todo es pasar. Sin embargo tienen dos modos distintos de encarar la realidad y la vida.
Azorín entiende que el único modo de cambiar la sociedad es la fuerza y acude durante la obra al maestro para significarle su condición de adhesión. Temas sobre la propiedad, regeneracionismo y el caciquismo, la metafísica y la sociología, la fugacidad del artista o la vulgaridad religiosa y política se pueden apreciar en la novela.
Es una novela selectiva en la que priva la elipsis. Más que ante capítulos nos hallamos ante cortas impresiones de momentos de especial intensidad.
Pero Martínez Ruiz, en La voluntad, va más lejos, porque no nos presenta necesariamente fragmentos intensos. Casi podemos decir que sucede lo contrario. Así, la relación entre Justina y Azorín no se narra en sí.
El autor nos había advertido ya anteriormente que su personaje era como un símbolo, pero La voluntad es todavía una novela crítica en la que las cartas finales dejan la esperanza de una vida nueva. El Martínez Ruiz firmante de dichas cartas a Baroja se resiste a creer que Azorín se haya dejado vencer definitivamente. Confía en un retorno a la lucha.
Y así otorgamos a La voluntad el sentido de ser metáfora de la biografía intelectual de unos escritores que pasaron de la crítica y la protesta, de la denuncia y la oposición, a la contemplación, a la literatura descriptiva o creadora de paisajes y al encierro en su propio yo.

Las Confesiones de un Pequeño Filósofo, Azorín


Las confesiones de un pequeño filósofo se imprimió en 1904, y fue el último libro que Azorín firmó como José Martínez Ruiz. Es la tercera parte del conjunto autobiográfico del que forman parte La voluntad (1902) y Antonio Azorín (1903), y en todas ellas el protagonista es el mismo autor de la obra. 
Confesiones de un pequeño filósofo narra su infancia, su colegio, sus familiares, su juventud, etc. El libro se compone de capítulos muy cortos de apenas dos páginas, en los que recuerda su vida en Yecla, pueblo en el que sucede la acción de esta obra. Sin embargo no cuenta una historia en sí, sino que se dedica a recordar y a contar su vida desde la perspectiva que tenía siendo un niño pero mezclado con observaciones que hace en el momento en el que escribe. No obstante, la obra la escribe siendo ya adulto, en el mismo pueblo en el que creció, por lo que se ve invadido por los recuerdos de aquel lugar. Resulta llamativo el punto de vista desde el que lo hace, en primera persona y como si estuviera realmente presente en el pasado. En ocasiones utiliza el tiempo presente para acercar al lector a su recuerdo, pero también lo mezcla con el pasado para insistir en la idea de que se trata de varios recuerdos.
Básicamente el libro es eso, un conjunto de recuerdos de su infancia. No hay trama ni historia, el protagonista es él y los personajes las personas con las que compartió su infancia, como sus compañeros de clase, sus profesores o sus familiares. Por todo ello, como se ha explicado antes, toda la novela en sí es una digresión, ya que está escrita a partir de las divagaciones del autor, que es el mismo protagonista de la obra. Tampoco sigue un orden cronológico, de hecho no hay línea temporal, sino una sucesión de recuerdos apenas ordenados en el tiempo.
En ocasiones da la sensación de que los capítulos no tienen relación entre sí, que tan sólo son ocurrencias del autor, como ocurre con los capítulos de "Las puertas" y "Las ventanas", en las que se dedica a describir la sensación que le producen dichos objetos. Pero lo llamativo de Azorín es cómo hace de algo tan simple como es una puerta un breve capítulo de su novela y cómo lo finaliza con una breve reflexión:
No hay dos puertas iguales: respetadlas todos. Yo siento una profunda veneración por ellas; porque sabed que hay un instante en nuestra vida, un instante único, supremo, en que detrás de una puerta que vamos a abrir está nuestra felicidad o nuestro infortunio...
Algunos capítulos se pueden recoger en dos bloques: los que tratan sobre familiares, y los que hablan sobre los Padres de su colegio (religioso) y su vida en él.  En la mayoría de ellos utiliza el tiempo pasado y presente. Primero hace una referencia a la realidad en la que está escribiendo (Recuerdo...) y más tarde cuando habla del personaje utiliza el verbo presente (está, lleva, creo, guardo...)
También es destacable el reiterado uso del "Yo" que hace el autor, de modo que deja claro el carácter autobiográfico de la obra. En ocasiones también se dirige directamente a los lectores (os diré, como veréis...).
Por último hay destacar los últimos capítulos del libro, en los que describe cómo caminando por las calles y visitando el colegio de su infancia los recuerdos han surgido y han permitido escribir la novela. Y es un sentimiento con el que el lector se puede sentir identificado:
Toda mi infancia, toda mi juventud, toda mi vida han surgido en un instante. Y he sentido - no sonriáis- esa sensación vaga, que a veces me obsesiona, del tiempo y de las cosas que pasan en una corriente vertiginosa y formidable.

Azorín y la novela digresiva


La novela digresiva se caracteriza por los movimientos digresivos en la narración, es decir, la exposición de ideas, reflexiones o comentarios al margen de la historia que se está contando. Esto influye en la linealidad de la exposición, en la sucesión de los acontecimientos o en la progresión de la trama. En la novela digresiva se narra una historia pero el autor se desvía de la trama a través de argumentos, hojas de diario, ensayos, etc.
El autor J. A. G. Ardilla señala El Quijote como primer ejemplo de novela digresiva en España, ya que la voz narradora se sustrae de la trama para dar paso a las divagaciones del autor. Añade además que Cervantes rompe la linealidad cronológica y da paso a varias voces narradoras. Otro ejemplo de digresión es El lazarillo de Tormes, ya que también rompe esa linealidad cronológica a la hora de contar la historia.
No obstante, el autor indica a Azorín y Unamuno como innovadores del Modernismo, aunque nos centraremos en el primero de ellos. J. A. G. Ardilla indica que en La voluntad de Azorín, el autor rechaza el modelo genérico de la novela realista, que se concebía como un movimiento narrativo. En La voluntad Azorín mantiene conversaciones con su maestro Yuste, lo que supone una digresión reflexiva dentro del relato. El autor señala a su vez que Azorín se sitúa a favor de lo digresivo y las divagaciones, donde se pone en práctica en Las confesiones de un pequeño filósofo a través de la superposición del autor y del personaje. En esta obra el protagonista es el yo lírico del autor, y toda la novela es una digresión, ya que no cuenta una fábula. En esta obra desaparece la trama en línea recta y la objetividad, características propias del Realismo. Azorín insistió en la necesidad de prescindir de trama, y por lo tanto, lo que prevalece en sus novelas es la digresión.

La ruta de Don Quijote, Azorín




La estrecha relación de Azorín con el periodismo se ve reflejada en La ruta de Don Quijote, que escribe tras su viaje por Castilla-La Mancha. 
En 1905, con motivo del tercer centenario de la publicación de la primera parte de El Quijote y por encargo del diario El Imparcial - dirigido entonces por José Ortega Munilla, padre de José Ortega y Gasset- Azorín comienza una ruta que, durante quince días, le llevará a visitar los lugares manchegos más emblemáticos en la obra de Cervantes: Argamasilla de Alba – más conocido como “Cinco casas”- Puerto Lápice, Ruidera, Campo de Criptana, El Toboso y Alcázar de San Juan.
Viajar por la llanura manchega a comienzos del siglo XX era muy diferente a hacerlo hoy, ya que Azorín realizó la mayor parte del trayecto en carro (según dice, tardó ocho horas en recorrer los escasos treinta kilómetros que separan Argamasilla de Ruidera y veinte horas en ir y volver de Argamasilla a Puerto Lápice) y acompañado en todo momento de un arma, aconsejado por José Ortega Munilla, que antes de partir le dijo: "en todo viaje hay una legua de mal camino". 
La obra está compuesta por 15 crónicas que tras publicarse en “El Imparcial”, no tardaron en unirse en un libro. 
“Yo creo que le debo contar al lector, punto por punto, sin omisiones, sin efectos, sin lirismos, todo cuanto hago y cuanto veo”. Esta frase aparece en La ruta de Don Quijote, y efectivamente es lo que hace Azorín. Describe minuciosamente cada palmo del paisaje que va viendo en el trayecto, y reproduce tal cual las conversaciones que tiene con las personas con las que se va encontrando, transportando al que lee a esos pueblos manchegos. Además, va enlazando pasajes de El Quijote con los sitios en los que está en cada momento, haciendo que el lector conecte la realidad con la ficción de la novela de Cervantes.
Azorín comienza su relato con el momento en el que va a partir hacia los pueblos manchegos, y reflexiona sobra la vida del periodista. Prosigue con su trayecto en el tren, donde mantiene una conversación con otros dos pasajeros que se dirigen como él, a Argamasilla de Alba, pueblo al que los lugareños llaman “Cinco Casas”.
Una vez en Argamasilla, lo acogen unos días en una casa donde le cuentan la historia del municipio, y vive el día a día de los orgullosos argamasilleros, convencidos de que Cervantes escribió su obra maestra El Quijote en una cueva del pueblo, donde estuvo preso. No permiten que Azorín dude de este hecho, ya que es el gran orgullo de Argamasilla de Alba.
Azorín se dirige en carro esta vez, para continuar su ruta quijotesca. Se aloja en un mesón en Puerto Lápice, pueblo en el que Don José Antonio – un curioso lugareño que edita él solo un periódico local-  lleva al escritor al lugar donde se encontraba la famosa venta en la que Don Quijote fue armado caballero. 
El siguiente destino fue Ruidera, donde se sitúan las famosas lagunas. Aquí solo descansará el autor, para seguir hacia la Cueva de Montesinos. En el camino, Azorín hace referencia a lo relativas que son las distancias en la Mancha: “una tirada” son 6 u 8km, “estar cerca” equivale a unos 2km y “estar muy cerca” quiere decir que todavía queda por recorrer un kilómetro largo.
En Criptana destacan los molinos de viento y una de las escenas más famosas vividas por Don Quijote, en su lucha contra los gigantes que veía. Cuenta Azorín que los molinos eran una novedad en la época de Cervantes, ya que se implantaron en la Mancha en 1575. En Criptana no se sienten orgullosos de que Don Quijote pasara por el pueblo, sino de que lo hiciera Sancho Panza, ya que según el escritor los habitantes del pueblo son su viva imagen.
Después llega Azorín a El Toboso, lugar emblemático también por el personaje de Dulcinea del Toboso. Pasa el autor de esta ruta por la casa de la misma, llamada en realidad Doña Aldonza Zarco de Morales. 
Aquí todos los habitantes hablan con la mayor naturalidad de Cervantes, refiriéndose a él como Miguel. “Todos se hacen la ilusión de que han conocido a la familia”, dice Azorín sobre ellos. En todas las conversaciones que mantiene con los toboseños, insisten estos en que Cervantes era manchego (en realidad nació en Alcalá de Henares, según cuenta él mismo en alguna de sus obras).
Termina la crónica en Alcázar de San Juan, donde Azorín reflexiona sobre la exaltación española, y sobre todo sobre la manchega. “La patria de Don Quijote”, lo llama el autor, que ve la fantasía de la obra de Cervantes indispensable para los manchegos, cuya tierra le parece monótona y en la que el tiempo pasa muy despacio.

Azorín y el cuento


Prólogo de “Cavilar y cantar”: El cuento es cosa moderna; nace con el periódico; la necesidad de constreñir la narración a una o a dos columnas hace que surja el cuento, narración abreviada.
  • Un cuento es una narración breve que puede estar o no basada en hechos reales, y cuya trama es protagonizada por un pequeño grupo de personajes que dan vida a un argumento normalmente sencillo. Sin embargo, los cuentos de Azorín tienen su toque personal.
  • Coordina muy bien los personajes,  que son reflejo de la vida real.
  • Escribió más de 400 cuentos.
  • “El mejor del género en el siglo XX”, aseguran muchos autores sobre Azorín.
  • Se formó en círculos periodísticos, hecho que se nota en su forma de comunicar.
  • El brote de diversos periódicos popularizó estos relatos cortos. Fue una gran oportunidad para jóvenes escritores como Azorín.
  • Los primeros cuentos de Azorín se hacían exclusivamente para ser publicados en periódicos. Fue más tarde cuando hizo textos aparte.
  • Trama muy importante. Finales abiertos para que el lector intente dar respuesta a las cuestiones.
  • No es un relato corto en el sentido moderno, porque profundiza en los personajes y sus relaciones.
  • Tres categorías de lectores: aquellos que se conforman con una historia convencional, a los que les gusta el ensayo (se acerca más al mundo filosófico de las ideas) y los que se centran en los perfiles de los personajes (no ocurre “nada” hasta el final).
  • Las acciones favoritas de Azorín para sus cuentos, no son nada espectacular, y resultan cercanas al lector.
  • Contenido intelectual, exposición lúcida del autor.
  • “La casa cerrada”. Diferencias entre La Mancha y Levante, en el que evoca figuras literarias como Segismundo, Sancho o Tomás Rodaja.
  • Aunque los temas de sus cuentos son variados, hay unas notas comunes en todos ellos: minucioso detalle de los personajes y las cosas, tono poético y misterio.

Cien artículos de Azorín en la prensa, Verónica Zumárra


En esta obra podemos contemplar cien artículos que han sido recogidos y rescatados de Azorín y su relación con la prensa. Muchos de ellos están escritos de su puño y letra, obras que escribía fundamentalmente para el diario La Prensa de Buenos Aires. En el año 1929 se encuentra la primera referencia en la que Azorín emplea la máquina de escribir, anteriormente los tipógrafos realizaban la dificultosa labor de componer su letra.

A partir de 1916 los artículos de Azorín encontraron un primer lector americano. Su clara función periodística buscaba conquistar a un lector indeterminado, al habitante de la gran cultura hispánica. La primera colaboración de Azorín en La Prensa está fechada de marzo de 1916 hasta enero de 1951. La autora se centra en los primeros años por ser los más atractivos y menos explorados. Durante esos primeros años publicó 670 colaboraciones. Los años restantes aportan un total de 314 artículos. La mayoría de ellos no fueron recogidos en libros y por lo tanto no han vuelto a ver la luz.

El diario de Buenos Aires le brindó a Azorín las mejores páginas. La mayoría de ellos aparecieron en el suplemento literario del domingo. Antes de que existiera este suplemento se publicaban en los días hábiles. Debe ser objeto de estudio tanto para argentinos como españoles por su variedad de contenidos y calidad de técnica de impresión cuyos colores se mantienen intactos a pesar del paso de los años. 

Todos los artículos que se recogen en esta obra tienen características en común. Todos ellos pertenecen al primer período que transcurre de  1916 a 1936 y no tuvieron una segunda publicación. Los artículos debían responder a las características del “periodismo inactual”, término que inventó el propio Azorín refiriéndose a la necesidad de escribir no solo de tema de actualidad sino cual tema interesante para el ser humano. Esta inactualidad  es la característica sobresaliente de los artículos de Azorín publicados en la Prensa.

En todos sus artículos también observamos cierta espiritualidad y que logra que emocione y conmueve a l lector. Es notable la percepción del tiempo de escritura y el cambio con la adopción de la máquina de escribir. Otro ingrediente común es que Azorín siempre se remonta a un libro a un autor referente. En esta obra está divida su vida según temas con el fin de abordar el material abundante en: viajes, paisajes, política, crítica de autores clásicos y modernos, teatro, estilo, periodismo, y el verdadero culto que profesa por América.

Excelente información, distribución y columna editorial fueron los ingredientes que dotaron a La Prensa para llegar a ser unos de los periódicos más importantes del mundo. El autor alicantino formó gran parte de ello. Azorín con setenta años de vida productiva y más de ocho mil artículos publicados. En el plano profesional sostenía que un “periodista no debe cambiar jamás de periódico” y que tanto él como el director deberían de ser fieles a los lectores que el periódico ha sabido ganarse. 50 años en ABC y 35 años en La Prensa fueron suficientes para alcanzar este pensamiento. 

Azorín creía que en el siglo XX las grandes empresas periodísticas irradiaban la luz cultural y por lo tanto un director de medio tendría más repercusión que un ministro. Pero lo más importante es la labor que concede a un colaborador de un periódico, consideraba que eran ellos quienes le daban el sentido. Uno de los artículos más significativos sobre este ámbito es “Sobre la vejez del periodista” de 1933.

Esta obra también otorga una especial mención a Francisco Grandmontagne. Fue la persona que hizo posible que los argentinos leyeran las colaboraciones de Azorín.  Otros intelectuales que también tienen su hueco en esta obra y que la tuvieron a lo largo de la vida del autor fueron Unamuno, Maeztu o Pío Baroja. 

Por otro lado un especial recuerdo por los clásicos del siglo XVI y XVII. El autor los aborda con libertad, originalidad y erudición. También postulaba que la amenidad debía ser la primera virtud de un periodista. Algunas de su referencias clásicas más importantes son: “La evolución del Quijote” con sus referencias a Cervantes, “Garcilaso” donde realiza una crítica directa a Marcelino Menéndez, “Góngora Club” que propone un acercamiento al poeta cordobés, “Francisco de Quevedo” en el que hace una valoración del artista como un gran solitario. Y también oraciones cortas dedicadas a Lope de Vega. 

En cuanto a los modernos esta obra se retiene relatando las figuras del siglo XIX en opiniones de Azorín tituladas como “El centenario de Pereda” y “El centenario de Pedro Antonio de Alarcón”, ambos tienen la misma base ideológica. Como se puede controlar la base de la mayoría de sus artículos son políticas pero por el contrario no trata temas manifiestamente políticos. Su paisaje retratado es siempre rural y urbano con el propósito de desentrañar un misterio. Esta obra también realiza un recuerdo a los viajes del escritor por Francia. Azorín hizo referencia de ellos tanto en sus artículos para ABC, como en La Prensa y en su obra “París Bombardeado”. 

Azorín otorga grandes capacidades al teatro y lo consideraba como el instrumento que más ayudaría a expandir el espíritu español en América. Sus artículos en este tema son numerosos, algunos de los más destacados son: “En torno a la crisis teatral” y “El teatro en España”. 
Los cien textos seleccionados se estructuran en diez grandes apartados en los que se abordan aspectos variados y muy representativos de estas tres décadas y media de colaboración ininterrumpida. Pese a la originalidad de algunas de sus novelas más celebradas, existe un amplio consenso entre los especialistas a la hora de admitir que el género en el que mejor se reveló el genio azoriniano fue el del artículo periodístico. “Cien Artículos de Azorín en la Prensa” es testigo de ello. 

Azorín y el Periodismo


La obra periodística de los últimos años del siglo XX y primeros de este siglo han sido olvidados. Gracias a la publicación de don José García Mercadal conocemos muchos artículos de prensa fechados a partir de 1904. Sin embargo, sus artículos, ensayos, y cuentos entre 1894 y 1904 son poco conocidos. 

El objeto del artículo “Una bibliografía anotada del periodismo de José Martinez Ruiz (Azorín)  publicado por E. Inman Fox es dar a conocer la obra juvenil de José Martinez Ruiz. el futuro Azorín, con una bibliografía anotada de su periodismo. 

Si analizamos los artículos dedicados a Baroja, Maeztu y Unamuno podemos observar el contacto intelectual que existía entre aquellos jóvenes que formaban la Generación del 1898. 

José Martínez Ruiz sufrió un cambio de actitud debido a la situación socio-política de España y también a su propia evolución estética. En un principio el joven José Martínez Ruiz colaboró en periódicos únicamente radicales o progresistas tales como El Pueblo de Valencia, El País, El Progreso, La Campaña, El Globo y Alma Española y su labor es significativa por ser teórico y propagandista del movimiento anarquista. 

En estos primeros artículos destaca un hondo interés en los libros y el trabajo de Kroptkin, Faure, Pi y Margall y Hamon. Además aplica las teorías anarquistas-comunista a acontecimientos cotidianos de la vida española como el asesinato de Novelda (1896), los tormentos de Montjuich (1897), la inundación de Valencia (1897), el caciquismo de Málaga (1902), etc. Y también reflexiona en un plano más filosófico sobre la implantación de la ley de divorcio, la abolición de la propiedad y la supresión del Parlamento. 

En una segunda etapa, sus artículos giran en torno a la crítica literaria. Los artículos destacados de esta época son “Avisos del Este”, “En Lara” en El Progreso y “La farándula” en Alma Española con una interesante descripción histórica y crítica sobre los teatros, los actores y las obras presentadas. José Martinez Ruiz tiene una gran preferencia por el teatro pues casi toda su obra está escrita de forma dialogada pero no es hasta el final de su carrera cuando cultiva este género literario. 

En una tercera etapa, se produce un cambio de pensamiento debido a la influencia que ejerce sobre su pensamiento Clarín. Este cambio de orientación se observa claramente en los escritos de finales del año 1903 y principios de 1904. En este año asume el seudónimo de Azorín lo que es significativo de un cambio radical de pensamiento

La admiración recíproca entre Azorín y Clarin se remonta hacia el año 1897 cuando Clarín define al entonces anarquista Azorín como persona que “tiene más enjundia literaria que muchos afectados escritores festivos que hacen alarde de no tener ni pizca de sustancia”. En el mismo Palique Clarín afirmará que si Martínez Ruiz publica muchos trabajos como el titulado Mi crítico se convertirá en una de las esperanzas de la literatura satírica. Los artículos de Azorín publicados en El País son elogiados por Clarín, circunstancia que supone el inicio de una profunda amistad y el acatamiento moral del discípulo por la obra y personalidad de Clarín. A partir de este preciso momento Azorín reconocerá públicamente el magisterio ejercido por Leopoldo Alas. El crítico más reputado y temido de la época se mostrará comprensivo y elogioso a la hora de juzgar la obra de Azorín. En posteriores ocasiones la correspondencia mantenida entre ambos demostrará el fervor y entusiasmo que Azorín sintió por Clarín a quien llamó “maestro de la juventud” en el tercer número de El Progreso, en la sección conocida con el nombre Avisos del Este. En la misma dedicatoria del libro Soledades de Azorín hará gala una vez más de su amistad y admiración hacia Clarín al encabezar el libro con la siguiente dedicatoria: “Para el maestro Leopoldo Alas. Recuerdo de un discípulo que sigue y agradece sus consejos”.

Para finalizar el artículo “Una bibliografía anotada del periodismo de José Martínez Ruiz”, E. Inman Fox nos enumera hasta unos doscientos cincuenta artículos publicados entre 1894 y 1904. Estos artículos se encuentran enumerados cronológicamente y seguidos de un breve resumen del contenido de cada artículo y algunos de ellos con comentarios curiosos. Además cita los lugares en los que se encuentran disponibles las revistas o periódicos consultados para realizar esa enumeración con la que pretende ofrecer una visión más amplia del ambiente intelectual español en los años tratados y del desarrollo periodístico del joven Azorín. 


Azorín y la Generación del 98






Hay figuras que siempre quedaran en el recuerdo. Algunas de ellas son: Azorín, Baroja, Valle-Inclán, Unamuno, Benavente, Antonio Machado,… Azorín fue quien las puso una etiqueta generacional: La Generación del 98. En febrero de 1913 escribe cuatro artículos para el periódico ABC sobre dicha generación. Una generación primero encasillada como la de 1896.

Ramón Gómez de la Serna biógrafo de Azorín en un libro expresó que son los libros que casi no han tenido éxito los que influyen en la creación como tal de una generación. Fueron los universitarios y aprendices de los años veinte los que se encargaron de su propagación y de la primacía de esta generación. Ésta se caracterizaba por el color sentimental, español y respetuoso y por la fundación de la revista España

Azorín tardó en ser académico de la Real Academia Española pero durante su vida se le realizaron numerosos homenajes como el de Aranjuez. El autor publicaba de tiempo en tiempo para mantener el nombre de la generación a la que él había dado nombre y se sentía con gran orgullo de pertenecer. Conmueve siempre la generosidad que despliega sobre sus compañeros y también por los que no pertenecían a su generación. 

Una de las máximas de Azorín fue el respeto a la intelectualidad y la verdad. Citaremos a continuación varias de las publicaciones en las que participó a lo largo de su vida y que me recen renombre: Arte Joven, Juventud, El Globo, España,… Azorín como representante de su generación consiguió lleva al idioma a ese punto en el que lo nuevo y lo viejo se encuentran, dando carácter de actual a la tradición.

Ricardo Baroja quiso escribir un volumen titulado Bohemia del 98, finalmente lo tituló Gente del 98. Azorín publicó en 1897 su Bohemia. Otros nombres que no debemos olvidar como Valle-Inclán, Jacinto Benavente, Maeztu, Unamuno, Rubén Darío, Ruiz Contreras, Bernardo G de Candamo,… 

Los hombres de la Generación del 98, como todas generaciones, se agrupan por perfiles similares y ardientes dudas comunes pero siempre existen diferencias. La del propio Azorín y Maeztu a causa del estreno de Electra es conocida. También entre Valle-Inclán y Manuel Bueno. O también el de Baroja con Unamuno y Valle-Inclán. Y también las anécdotas de Cornuty llamado “literator” por literato y escritor. Azorín y Pío Baroja intervinieron en el debut de la chelito que llegaría a ser reina del género llamado psicalíptico

Los escritores posteriores consideran que ésta ha sido en esencia la última generación romántica en España. Sus componentes fueron independientes y románticos. Como decía Azorín esta generación intenta resucitar los poetas primitivos como Góngora o Santillana, siente un amor por los viejos pueblos y el paisaje,… Entre los españoles que han estudiado con detalle dicha generación encontramos a Melchor Fernández Almagro y su En torno al 98; y Pedro Laín Entralgo en su estudio La Generación del 98.

La amistad entre Azorín y Pío Baroja duró toda la vida. Es destacable que para este segundo no admitía la existencia de una generación en la cual se le atribuía.  Por su parte Azorín se planteaba con que ojos el lector del siglo XXI, XXII y XXIII contemplaría a los escritores de la tal Generación del 98. Como afirmaba su creador “la generación existe, existe independientemente de su historicidad. Si se cree en ella, existe”.

Azorín, su biografía


José Martínez Ruiz nació en Monóvar (Alicante) el 8 de junio de 1873. Hijo de un abogado y acomodado político conservador, estudió el bachillerato en los escolapios de Yecla y Derecho, que no terminó, en la Universidad de Valencia. 

Se dedicó toda su vida al periodismo. Comenzó a publicar en muchos periódicos como La Educación Católica de Petrer, El Defensor de Yecla, El Eco de Monóvar, El Mercantil Valenciano y El Pueblo

En noviembre de 1896 se estableció en Madrid y colaboró en periódicos republicanos como El País, El Progreso, después con El Imparcial; durante muchos años, con ABC y diversas revistas. En esta última, apareció por primera vez el seudónimo Azorín firmando un artículo.

Sus inicios estuvieron marcados por una sensibilidad de carácter anarquista como lo demuestra sus primeros títulos: Notas sociales (1896), Pecuchet demagogo (1898).  Sus ideas políticas y religiosas evolucionara a un conservadurismo en su madurez. Durante esos años viajó intensamente por tierras de la meseta castellana, para conocer tanto su paisaje como la situación de sus gentes, entonces de extrema miseria. Compartió, junto a Ramiro de Maeztu y Pío Baroja, gran admiración por las obras de Nietzsche, Michel de Montaigne y Rainer María Rilke. 

Su filosofía se centra en una obsesión por el Tiempo, por la fugacidad de la vida. En su obra se observa una íntima tristeza, una melancolía que fluye mansamente junto a un anhelo de apresar lo que permanece por debajo de lo que huye, o de fijar en el recuerdo las cosas que pasaron. En definitiva, Azorín vive para evocar, es un contemplativo. Con Baroja y Maeztu formó en 1901 el grupo de los tres, núcleo original de la Generación del 98.

Su trilogía narrativa, compuesta por los volúmenes La voluntad (1902), Antonio Azorín (1903) y Las confesiones de un pequeño filósofo (1904), provocó una  reflexión personal que le llevó a cambiar radicalmente sus posiciones políticas. Desilusionado, paso a adoptar un ideario conservador.
Se adhirió al maurismo, fue cinco veces diputado, entre 1907 y 1919, y dos veces subsecretario de Instrucción Pública. Se negó a aceptar nuevos cargos en la dictadura de Primo de Rivera. Durante la I Guerra Mundial fue corresponsal de guerra, y obtuvo la Legión de Honor del Gobierno de Francia. Destacó también por ser un viajero extraordinario por España, en cambio, viajó muy poco al extranjero.

En mayor de 1924, fue elegido miembro de la Real Academia Española, aunque nunca fue muy activo. Al estallar la Guerra Civil española huyó de Madrid y vivió en París. Al finalizar la contienda, regresó a España en 1939. 

De su obra literaria, cabe distinguir las novelas anteriores a la Guerra Civil, Don Juan (1922), Doña Inés (1925), Félix Vargas (1928) o Pueblo (1930), donde Azorín ensaya  con nuevas técnicas narrativas; y las posteriores a la contienda civil, donde regresa a su estilo tradicional. De estos últimos años, destacan: El escritor (1941), María Fontán (1943), La isla sin aurora (1944) o Con permiso de los cervantistas (1948).

Con una larga trayectoria en la prensa española, se incorporó a La Vanguardia como crítico literario. Sus trabajos le convierte, en  uno de los críticos más destacados que escriben en La Vanguardia en el primer tercio del siglo XX. 

El 2 de marzo de 1967, José Martínez Ruiz fallecía, a los 93 años, en su domicilio madrileño. El último superviviente de la Generación del 98 fue durante toda su vida un articulista asiduo en numerosos diarios.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Niebla, Miguel de Unamuno


Niebla es una novela escrita por Unamuno en 1907, y publicada en 1914. El autor la califica de “nivola”, un género distinto parecido a la novela, pero que no sigue todas las características de esta al pie de la letra, y pretendía ser una alternativa a la novela realista dominante en el siglo XIX. 

Miguel de Unamuno fue un escritor y filósofo español perteneciente a la generación del 98. Nacido en Bilbao en 1864 y fallecido en Salamanca en 1936, cultivó diversos géneros literarios: novela, teatro, ensayo y poesía. Además, fue diputado entre 1931 y 1933 por la conjunción republicano-socialista. 

Se trata de una obra de la madurez literaria de Unamuno, en la que aparecen las principales características del autor: los conflictos íntimos de los personajes, amores imposibles, el rechazo a la muerte…

Augusto, el protagonista se enamora de una mujer, pero esta a su vez lo está de otro hombre, mientras que la planchadora que va a casa de Augusto se enamora de él. Es un lío amoroso que acaba mal para el personaje principal, que quiere suicidarse después del desengaño. 

Después de esto, se produce una escena en la que se difumina la línea divisoria entre realidad y ficción, una especie de niebla como bien dice el título. Unamuno se convierte en un personaje más de la “nivola” y habla con Augusto sobre la muerte, le dice que no puede suicidarse porque es un ente ficticio. De nuevo aparece difuminada esa línea en el personaje de Víctor, a través del cual, Unamuno explica su teoría sobre la “nivola”, por lo que se representa a sí mismo en ese personaje también.

El aspecto filosófico de Unamuno aparece notablemente en esta obra, en los temas de la muerte, la metaficción o la inadecuación del ser humano. Eso hace que sea un libro entretenido de leer y diferente, en el que el lector no se perderá en esa niebla.