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Mostrando entradas con la etiqueta Poema. Mostrar todas las entradas
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miércoles, 22 de mayo de 2013

Misericordia, Galdós




En el libro Misericordia se refleja el fracaso de la Restauración. Galdós no trabajó del periodismo hasta que sus obras empezaron a ser compradas.  Su base de estudio fue tanto la Universidad como la calle. Intentó llevar el Madrid del siglo XIX a la novela. Es el que mejor va a conocer los males del país, pero lo cierto es que la verdad no interesa y ahora tampoco.

En 1897 publica Misericordia. Él se de cuenta de que el poder en si es corrupto. Una obra que se divide en cuatro partes relacionadas, bajo un relato físico y moral de una mujer. La primera parte retrata las capas más pobres de la sociedad, las va describiendo de forma jerarquizada. Trata de adelantar lo que va a continuación. En la segunda parte desarrolla más la imagen de la anciana. La mujer no necesita mendigar, lo hace para otros, aquí está la clave de la obra. La protagonista se llama Benigna. 

En la obra de emplea un lenguaje popular para la descripción especialmente. Al final Galdós nos quiere decir que la mendicidad  contamina el humanismo e inevitablemente son contrarias una de la otra. Reflexiona sobre la posición de las clases más bajas y su papel en la sociedad. 

jueves, 9 de mayo de 2013

Pedro Salinas




¡Qué gran víspera el mundo!

No había nada hecho.
Ni materia, ni números,
ni astros, ni siglos, nada.
El carbón no era negro
ni la rosa era tierna.
Nada era nada, aún.
¡Qué inocencia creer
que fue el pasado de otros
y en otro tiempo, ya
irrevocable, siempre!
No, el pasado era nuestro:
no tenía ni nombre.
Podíamos llamarlo
a nuestro gusto: estrella,
colibrí, teorema,
en vez de así, “pasado”;
quitarle su veneno.
Un gran viento soplaba
hacia nosotros minas,
continentes, motores.
¿Minas de qué? Vacías.
Estaban aguardando
nuestro primer deseo
para ser enseguida
de cobre, de amapolas.
Las ciudades, los puertos,
flotaban sobre el mundo,
sin sitio todavía:
esperaban que tú
les dijeses: “Aquí”,
para lanzar los barcos,
las máquinas, las fiestas.
Máquinas impacientes
de sin destino, aún;
porque harían la luz
si tú se lo mandabas,
o las noches de otoño
si las querías tú.
Los verbos, indecisos,
te miraban los ojos
como los perros fieles,
trémulos. Tu mandato
iba a marcarles ya
sus rumbos, sus acciones.
¿Subir? Se estremecía
su energía ignorante.
¿Sería ir hacia arriba
”subir”? ¿E ir hacia dónde
sería “descender”?
Con mensajes de antípodas,
a luceros, tu orden
iba a darles conciencia
súbita de su ser,
de volar o arrastrarse.
El gran mundo vacío,
sin empleo, delante
de ti estaba: su impulso
se lo darías tú.
Y junto a ti, vacante,
por nacer, anheloso,
con los ojos cerrados,
preparado ya el cuerpo
para el dolor y el beso,
con la sangre en su sitio,
yo, esperando
-¡ay, si no me mirabas!-
a que tú me quisieses
y me dijeras: “Ya”.

Nos encontramos ante un poema de Pedro Salinas escrito en 1933. El poeta muestra un amor no correspondido. Es muy importante el primer verso ¡Qué gran víspera el mundo! Con esa frase comienza el poema tratando de ver lo bueno del mundo aunque éste nos de tristeza y amargura. La víspera es un término positivo y el mundo se admira actualmente desde un punto de vista materialista. 

Poner en marcha el mundo es sinónimo de amor. Uso constante de la segunda persona. Con el uso del yo demuestra que la otra persona está dispuesta a esperar. Marca de relación imperativa y del tiempo. El tiempo siempre pasa. 


Lope. La noche. Marta



He abierto la ventana. Entra sin hacer ruido
(afuera deja sus constelaciones).
«Buenas noches, Noche».
Pasa las páginas de sombra 
en las que todo está ya escrito.
Viene a pedirme cuentas.


«Salí al rayar el alba ―digo―.

Lamía el sol las paredes leprosas.
Olía a vino, a miel, a jara».
(Deslumbrada por tanta claridad
ha entornado los ojos).
La llevan mis palabras por calles, ascuas, no lo sé:
oye la plata de las campanadas.
Ante la puerta de la iglesia
me callo, me detengo ―entraría conmigo
si yo no me callase, si no me detuviera―;
yo sé bien lo que quiere la Noche;
lo de todas las noches;
si no, por qué habría venido.



Ya mi memoria no es lo que era. En la misa del alba

no dije Agnus Dei qui tollis pecata mundi,
sino que dije Marta Dei (ella también es cordero de Dios
que quita mis pecados del mundo).
La noche no podría comprenderlo,
y qué decirle, y cómo, para que lo entendiese.



No me pregunta nada la Noche,

no me pregunta nada. Ella lo sabe todo
antes que yo lo diga, antes que yo lo sepa.
Ella ha oído esos versos
que se escupen de boca en boca, versos
de un malaleche del Andalucía
―al que otro malaleche de solar montañés
llamara «capellán del rey de bastos»―
en los que se hace mofa de mí y de Marta,
amor mío, resumen de todos mis amores:
Dicho me han por una carta
que es tu cómica persona
sobre los manteles, mona
y entre las sábanas, Marta.
Qué sabrá ese tahúr, ese amargado
lo que es amor.



La Noche trae entre los pliegues de su toga

un polvillo de música, como el del ala de la mariposa.
Una música hilada en la vihuela
del maestro del danzar, nuestro vecino.
En la cocina estará escuchando Marta;
danzará, mientras barre el suelo que no ve,
manchado de ceniza, de aroma, de trigo candeal,
de jazmines, de estrellas, de papeles rompidos.
Danza y barre Marta.



Pido a la Noche que se vaya. Hasta mañana, Noche.

Déjame que descanse. Cuando amanezca regaré el jardín,
saldré después a decir misa
―Deus meus, Deus meus, quare tristis est anima mea―,
luego volveré a casa, terminaré una epístola en tercetos,
escribiré unas hojas
de la comedia que encargaron unos representantes.
Que las cosas no marchan bien en el teatro,
y uno no puede dormirse en los laureles.



Hasta mañana, Noche.

Tengo que dar la cena a Marta,
asearla, peinarla (ella no vive ya en el mundo nuestro),
cuidar que no alborote mis papeles,
que no apuñale las paredes con mis plumas
―mis bien cortadas plumas―,
tengo que confesarla. «Padre, vivo en pecado»
(no sabe que el pecado es de los dos),
y dirá luego: «Lope, quiero morirme»
(y qué sucedería si yo muriese antes que ella).
Ego te absolvo.
Y luego, sosegada, le contaré, para dormirla,
aventuras de olas, de galeones, de arcabuces, de
rumbos marinos,
de lugares vividos y soñados: de lo que fue
y que no fue y que pudo ser mi vida.



Abre tus ojos verdes, Marta, que quiero oír el mar.


La música y la literatura van unidas. Los poemas siempre tienen una base musical. Nos encontramos ante un poema de amor y compromiso. Muestra gran sufrimiento, un sufrimiento que vivió en su vida y trasladó a su poesía. Realiza una  exaltación amorosa de Lope y de Marta. El autor le dedica un soneto maestral.

Las diferentes partes son los diferentes párrafos. Trata de hacernos conscientes de que el amor hay que atraparlo y aprovecharlo cuando llega. En el inicio del poema llama a su consciencia, realiza un paréntesis para aclarar los pensamientos. Hay referencias bíblicas y paréntesis para hacerle un guiño al lector. La palabra Noche aparece en mayúscula porque tiene un significado especial. Considera que el amor es un pecado, el personaje está marcado por el dolor. 



jueves, 2 de mayo de 2013

Hombre de lunes con secreto, Luis García Montero



Luis García Montero

Nos encontramos ante un poema de Luis García Montero. Además de un prestigioso poeta es un consagrado columnista de opinión y ensayista. Nos proponemos a analizar un poema titulado “Hombre de lunes con secreto”. Sin duda hace que tengamos otra mentalidad de los lunes en sentido metafórico y una visión más positiva en sentido estricto. Un poema amoroso ambientado en la ambigüedad de un lunes.

Este lunes de Abril templado y diligente
muy de mañana, sin haber dormido.

Por la cafetería cruza el buitre
de los horarios laborales,
entre tazas, tostadas y periódicos
se discuten las últimas noticias,
y el hombre del secreto
se sumerge en el túnel de una nueva semana.
Deshoja el bienestar de su café
sonríe a quien le mira, se consuela,
porque tiene un secreto.

Una primera fase que anima al lector a continuar, a sentirse inmerso en la lectura, a sacar lo mejor de cada uno. Una perfecta descripción de lo que es la mañana del primer día de la semana y la sensación por un lado de trabajo por delante y por otra de recuerdos del día pasado que cada vez vemos más lejos. Nos anuncia un secreto, ese secreto que diferencia a ese hombre del resto de seres que en ese momento le rodean.  Algo que le hace especial.


Los cuerpos juveniles son presente,
pero nos llega impuesta del pasado
la inocencia arbitraria de sus conversaciones.
El hombre del secreto lo comprende
camino del trabajo, 

cuando los estudiantes llenan el autobús
y un tumulto de cuerpos con la cara lavada
se apodera del lunes.
Los ve crecer, observa
como un grito de incógnita en sus ojos,
una inquietud después desvanecida
por usura del tiempo.
Vivir es ir doblando las banderas. 


La incertidumbre y ambigüedad continúa en el poema. La descripción perfecta que rodea al hombre del secreto. El hombre cerca de llegar al trabajo, ve personas y personas cada uno que se dirige a su destino, su destino que puede o no ser el mismo todos los días de la semana. Especial importancia debemos dar a la última frase, a una perfecta definición de la vida. Un reto al que nos enfrentamos desde que nos levantamos hasta que nos acostamos. Una sensación que está perfectamente definida por nuestra actitud ante ella, el valor que tengamos para enfrentarnos a las cosas e ir superando los grandes retos, los mismos retos que nos hacen ser cada vez más grandes. 



El hombre de los ojos encendidos
se hiere con las rosas académicas,
consigue entre saludos, puñales y cipreses
cruzar el campus universitario,
recorre los pasillos en busca de su aula
de su clase,
pero tiene un secreto
y el tema diecinueve se convierte
en materia de asombro,
poemas que se escapan de la página,
versos que llegan a la cima
de una mirada en vilo,
alguien que deja los apuntes
y los libros de texto,
para cerrar las manos hasta
herirse
con otra rosa viva

mucho más inclemente,
la rosa de un secreto en el alma de un lunes.


Conocemos verdaderamente en la situación de nuestro protagonista. El hombre una vez que llega a la universidad se dirige a un lugar concreto, un aula. El secreto continúa y esto se envuelve con la sensación del lunes. Una relación del protagonista y otra persona, alguien importante que le hace cambiar la actitud. La literatura es superada de la realidad que se escapa del texto. La otra persona le hiere. 



Abre la puerta del despacho
y los libros sonríen como cómplices viejos.
En ellos ha leído lo que siente,
solo literatura descentrada.
Pero esta vez no,
esta mañana no,
y el hombre del secreto al levantarse
se miró en el espejo,
y descubrió el enigma
de sus extraños ojos encendidos,
y se dijo que no,
esta vez no.

Ya en el despacho solo los libros parecen conocer su pensamiento. El secreto cada vez nos produce más intriga, un enigma que parece no tener fin. Algo le preocupa y considera que esta mañana las cosas van a ser diferentes. Este lunes algo iba a cambiar, no, no iba a ser un día cualquiera. 



¿Y la ciudad? Abierta
de luz, cuerpo tendido,
ha cambiado de piel en la ventana.
Y no será paciencia, ni callejón nocturno,
ni día laborable de tráfico dudoso.
Así que va al teléfono,
busca la tinta azul del numero apuntado
en el carnet de conducir,
la condición de un lunes
que ya no tiene voluntad de fecha

sino de fruta, de sabor en los labios.

Me resultan totalmente ingeniosos estos versos. El lunes ya no tiene su valor de siempre, lo ha perdido porque alguien ha querido que así fuera. Una descripción minuciosa de lo que hace, algo que va a ser realmente trascendental, algo meditado, quizá no lo suficiente. Finalmente unos labios que simbolizan a una mujer. Esa mujer que antes personifico en una rosa que hiere. Y esta mujer le ha cambiado el lunes dándole un sentido completamente diferente y que puede hacer que ningún lunes vuelva a ser como aquel en el resto de su vida. 


El hombre del secreto marca y dice:
-Buenos días, soy yo, he terminado-.

Sin palabras, así nos quedamos al terminar de leer los últimos versos. Unos versos distantes, fríos que dejan la historia abierta, sin final, sin descubrir realmente el secreto. Una llamada que sin duda es definitiva y tajante. Saluda, se identifica y con una palabra transmite el mensaje que lleva pensando, un fin. El final de algo que le absorbe y conmueve. Un poema que nos hace ser concientes de hasta que punto la literatura es parte de la vida y nos pertenece cada día más.