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Mostrando entradas con la etiqueta Sofía Riesco Gadea. Mostrar todas las entradas
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jueves, 9 de mayo de 2013

Libro tradicional vs. libro digital


Siempre me he considerado una anti e-book ya que creo que ese aparato no es verdaderamente un libro. El e-book no tiene las características que tiene un libro de poder sumergirte en las páginas físicas de este. Pasar las páginas en una pantalla no es lo mismo que sentir el tacto del papel. No es lo mismo doblar las esquinas de las hojas o subrayar algo que te gusta que marcarlo en la pantalla. No es el mismo soporte, pero al fin y al cabo, el contenido es el mismo. Y mi pregunta es si te sumerges en la historia de igual forma. Personalmente, no. Me introduzco más en la trama en un libro tradicional que en la pantalla del móvil, por ejemplo. 
Será por el cariño que supone llenar las estanterías de libros, cargar con éste en el transporte público, pasar las páginas con su olor característico o simplemente por la tradición que supone. La pantalla, al fin y al cabo, me sigue resultando impersonal, dura, fría y pálida, y no me transmite la sensación de calidez que me produce un libro tradicional. Es como si a través de las páginas la historia se volviera más real, más cercana, más sólida y verosímil. 
Son muchos los que se preguntan si el papel seguirá existiendo, en esta época tecnológica y digital en la que vivimos. Y yo creo que mientras haya personas que sigan escribiendo libros, seguirán publicándose en ese soporte. Yo, por lo menos, seguiré comprándolos.


jueves, 2 de mayo de 2013

Las Confesiones de un Pequeño Filósofo, Azorín


Las confesiones de un pequeño filósofo se imprimió en 1904, y fue el último libro que Azorín firmó como José Martínez Ruiz. Es la tercera parte del conjunto autobiográfico del que forman parte La voluntad (1902) y Antonio Azorín (1903), y en todas ellas el protagonista es el mismo autor de la obra. 
Confesiones de un pequeño filósofo narra su infancia, su colegio, sus familiares, su juventud, etc. El libro se compone de capítulos muy cortos de apenas dos páginas, en los que recuerda su vida en Yecla, pueblo en el que sucede la acción de esta obra. Sin embargo no cuenta una historia en sí, sino que se dedica a recordar y a contar su vida desde la perspectiva que tenía siendo un niño pero mezclado con observaciones que hace en el momento en el que escribe. No obstante, la obra la escribe siendo ya adulto, en el mismo pueblo en el que creció, por lo que se ve invadido por los recuerdos de aquel lugar. Resulta llamativo el punto de vista desde el que lo hace, en primera persona y como si estuviera realmente presente en el pasado. En ocasiones utiliza el tiempo presente para acercar al lector a su recuerdo, pero también lo mezcla con el pasado para insistir en la idea de que se trata de varios recuerdos.
Básicamente el libro es eso, un conjunto de recuerdos de su infancia. No hay trama ni historia, el protagonista es él y los personajes las personas con las que compartió su infancia, como sus compañeros de clase, sus profesores o sus familiares. Por todo ello, como se ha explicado antes, toda la novela en sí es una digresión, ya que está escrita a partir de las divagaciones del autor, que es el mismo protagonista de la obra. Tampoco sigue un orden cronológico, de hecho no hay línea temporal, sino una sucesión de recuerdos apenas ordenados en el tiempo.
En ocasiones da la sensación de que los capítulos no tienen relación entre sí, que tan sólo son ocurrencias del autor, como ocurre con los capítulos de "Las puertas" y "Las ventanas", en las que se dedica a describir la sensación que le producen dichos objetos. Pero lo llamativo de Azorín es cómo hace de algo tan simple como es una puerta un breve capítulo de su novela y cómo lo finaliza con una breve reflexión:
No hay dos puertas iguales: respetadlas todos. Yo siento una profunda veneración por ellas; porque sabed que hay un instante en nuestra vida, un instante único, supremo, en que detrás de una puerta que vamos a abrir está nuestra felicidad o nuestro infortunio...
Algunos capítulos se pueden recoger en dos bloques: los que tratan sobre familiares, y los que hablan sobre los Padres de su colegio (religioso) y su vida en él.  En la mayoría de ellos utiliza el tiempo pasado y presente. Primero hace una referencia a la realidad en la que está escribiendo (Recuerdo...) y más tarde cuando habla del personaje utiliza el verbo presente (está, lleva, creo, guardo...)
También es destacable el reiterado uso del "Yo" que hace el autor, de modo que deja claro el carácter autobiográfico de la obra. En ocasiones también se dirige directamente a los lectores (os diré, como veréis...).
Por último hay destacar los últimos capítulos del libro, en los que describe cómo caminando por las calles y visitando el colegio de su infancia los recuerdos han surgido y han permitido escribir la novela. Y es un sentimiento con el que el lector se puede sentir identificado:
Toda mi infancia, toda mi juventud, toda mi vida han surgido en un instante. Y he sentido - no sonriáis- esa sensación vaga, que a veces me obsesiona, del tiempo y de las cosas que pasan en una corriente vertiginosa y formidable.

Azorín y la novela digresiva


La novela digresiva se caracteriza por los movimientos digresivos en la narración, es decir, la exposición de ideas, reflexiones o comentarios al margen de la historia que se está contando. Esto influye en la linealidad de la exposición, en la sucesión de los acontecimientos o en la progresión de la trama. En la novela digresiva se narra una historia pero el autor se desvía de la trama a través de argumentos, hojas de diario, ensayos, etc.
El autor J. A. G. Ardilla señala El Quijote como primer ejemplo de novela digresiva en España, ya que la voz narradora se sustrae de la trama para dar paso a las divagaciones del autor. Añade además que Cervantes rompe la linealidad cronológica y da paso a varias voces narradoras. Otro ejemplo de digresión es El lazarillo de Tormes, ya que también rompe esa linealidad cronológica a la hora de contar la historia.
No obstante, el autor indica a Azorín y Unamuno como innovadores del Modernismo, aunque nos centraremos en el primero de ellos. J. A. G. Ardilla indica que en La voluntad de Azorín, el autor rechaza el modelo genérico de la novela realista, que se concebía como un movimiento narrativo. En La voluntad Azorín mantiene conversaciones con su maestro Yuste, lo que supone una digresión reflexiva dentro del relato. El autor señala a su vez que Azorín se sitúa a favor de lo digresivo y las divagaciones, donde se pone en práctica en Las confesiones de un pequeño filósofo a través de la superposición del autor y del personaje. En esta obra el protagonista es el yo lírico del autor, y toda la novela es una digresión, ya que no cuenta una fábula. En esta obra desaparece la trama en línea recta y la objetividad, características propias del Realismo. Azorín insistió en la necesidad de prescindir de trama, y por lo tanto, lo que prevalece en sus novelas es la digresión.

Literatura y Periodismo en el siglo XXI, Félix Rebollo Sánchez




Mercantilización de la crítica literaria en prensa

En un primer lugar, estoy de acuerdo con una de las primeras ideas que se presentan en el capítulo: el periodismo está al servicio de los intereses de las empresas. Lo que ahora interesa es llegar al máximo público posible para conseguir mayores ingresos. Es por eso por lo que en parte, los contenidos de la prensa se han ido deteriorando al querer buscar más al lector comercial que al lector literario. Si se incluye la crítica literaria dentro de este tipo de prensa, por extensión también tendría que estar mercantilizada.

Pero para comprender esta situación de nuevo hay que remontarse a décadas anteriores. Durante el franquismo no se permitía la crítica en ningún lugar, y menos aún en la prensa. Ésta era utilizada con fines propagandísticos del régimen. Se podría decir que esa represión de la crítica dio como resultado que la crítica en la prensa esté tan deteriorada en la actualidad. No obstante, la crítica se fue abriendo espacio en el teatro y en el ámbito de los libros. A pesar de ello, se realizaban con muchas restricciones por miedo a las repercusiones, por lo que se extrañaba una crítica “sincera”. Al someterse en este contexto a las doctrinas del régimen, se puede hablar ya de una mercantilización de ella, ya que se guiaba por esos intereses y no por los propios del escritor. 

Por otro lado, no estoy de acuerdo con la idea que se da en el texto que alude a los años 60, en donde se expone que “La razón, no el sentimiento, rige el proceso de creación artística”. Lo artístico es sentimiento, es creación subjetiva. ¿Cómo guiarse sólo por la razón para escribir una crítica? Hacen falta unos sentimientos de descontento o agrado para poder exponer unos argumentos razonados.

A su vez, me gusta la idea de que el crítico tiene que saber y conocer el tema del que habla; debe entender un texto y explicarlo para que el lector pueda reflexionar sobre él. El crítico debe despertar una actitud crítica por parte del lector. Sometiéndose a los intereses del mercado no realiza esta función. Si sólo busca llegar al máximo de lectores, su creación quedará incompleta porque no ha realizado el fin para la que fue creada. El crítico debe despertar nuestras mentes, no basta con decir “pues sí, tiene razón en lo que dice”; es muy fácil someterse a las ideas que nos venden los periódicos.

Para ir finalizando, no creo que se le pueda exigir al crítico objetividad. La labor del crítico es dar su opinión sobre una novela, por ejemplo. Deberá saber de lo que habla, como ya he dicho anteriormente; podrá tener más o menos relevancia en quienes lo lean, pero si se pide objetividad al crítico estará haciendo una reseña del libro, no una crítica.

Por último, coincido en la idea de que el periodista está sometido a los intereses editoriales. ¿Podría haber un pacto entre el crítico literario y la editorial para vender más o menos ejemplares, dependiendo de lo que escriba el primero? Esto sería ser un poco retorcido, pero no es tan disparatado de creer. Estaríamos aquí hablando de publicidad, no ya de crítica. Pero volviendo a la idea del principio, lo que se busca ahora es llegar al lector consumista, así que, ¿por qué no realizar propaganda –ya sea de un libro o unas ideas- a través de la crítica? En definitiva, es lo que se da en la actualidad, y personalmente echo de menos la creatividad característica de este género.

Antonio Machado entre la literatura y el periodismo, Félix Rebollo Sánchez


El ensayo escrito por el profesor Félix Rebollo Sánchez –doctorado en Filología Hispánica-, Antonio Machado entre la literatura y el periodismo, retrata adecuadamente la trayectoria del poeta romántico entre estos dos géneros.

El libro se divide en cuatro capítulos, pero la esencia de éste reside en los tres primeros, ya que el último se conforma de una serie de notas añadidas  sobre las publicaciones que homenajearon al autor después de su muerte.

La obra está escrita cronológicamente, ya que avanza desde una perspectiva general de la obra machadiana, para más tarde exponer las publicaciones en las que colaboró el autor, y finalizar con los homenajes que hacen ciertas publicaciones tras su muerte. Esto permite hacer un rápido pero intenso viaje por la obra de Machado, ya que el autor refleja a la perfección el carácter de sus escritos con ciertos fragmentos de sus poemas y el contexto en el que los escribe.

De este modo, se observa cómo Antonio Machado escribe sobre el tiempo y la muerte, sobre la verdad y la belleza, sobre el amor y el alma, y cómo consigue conectar la palabra a la conciencia. Todo ello, he de añadir, de una forma simple y clara, sencilla y cercana a cualquier lector. Eso es parte del encanto de Machado, que escribía sobre cosas mundanas y cotidianas, con un afán de permanecer en el tiempo; una poesía interiorizada que quiere ser reflejo del alma y del pensamiento.

Más tarde, en el tiempo de sus colaboraciones en diversas publicaciones, sus escritos se tiñen de cierto tono irónico y costumbrista. También en el ensayo se muestra el amor por el teatro que sentía Machado, partidario del teatro clásico y no del innovador. A su vez, en ocasiones se nombran como referentes de Machado a Unamuno o Galdós, también admirados por el autor de la obra.

Se dice de Machado que quería ilustrar a la gente con su escritura, es decir, a aquellos que no podían acceder a la enseñanza. Sus colaboraciones en revistas son principalmente reseñas literarias y críticas, al igual que poesías sencillas pero cargadas de sentimiento. Con todo ello, Machado pretendía crear estados de conciencia, ya que trata temas de diversa índole, como la luchas de las clases sociales, la religión o la filosofía. En definitiva, pretendía despertar el conocimiento interior de aquellos que le leyeran.

Por último, en sus homenajes se puede observar cómo su poesía perdura en el tiempo mucho después de su muerte, ya que ésta consigue mezclar sentimentalidad e historia en un mismo ser. Se le ha definido como creador de la poesía temporal, como el poeta del amor y el tiempo. A su vez, él y su hermano concebían el teatro como literatura, en el sentido de que debía llevar a la reflexión. 

Pero en este ensayo no todo son palabras bonitas hacia el poeta de fácil comprensión. El autor del libro también recoge algunas críticas negativas hacia el poeta, aunque la mayor parte de su obra se dedique a ensalzarle.

En una última referencia el tercer capítulo, añadir que los numerosos homenajes que se hacen al poeta llevan a querer creer en lo utópico, ya que expone de manera sencilla sus sueños y ambiciones, sus amores y soledades.

En conclusión, Antonio Machado entre la literatura y el periodismo, consigue que casi cualquier lector tenga ganas de leer más sobre el famoso poeta y descubrir su obra de una manera más profunda.

Soldados de Salamina, Javier Cercas


Un aspecto clave de esta novela es que llega fácilmente al lector porque está escrita en primera persona (excepto la segunda parte). Al narrar hechos cercanos al autor y narrador, hacen que éstos parezcan, y sean, reales. También la continua duda de si Javier Cercas se considera a sí mismo escritor o periodista es otro punto que me ha llamado la atención. Como se dice en la tercera parte del libro: “Un buen periodista es siempre un buen escritor, pero un buen escritor casi nunca es un buen periodista”. En la novela se puede ver cómo Cercas es un gran escritor, pero también es un gran periodista. La intensa labor de investigación que rodea al caso de Sánchez Mazas es admirable.

Creo que narrar toda la aventura que tuvo que pasar para poder escribir este libro es el gran atractivo de la misma. Al estar narrada la vida real en forma de novela, crea la duda de si lo que está contando es real o no. Además, el continuo ir y venir de personajes, acontecimientos y datos que cuentan los mismos, crean la necesidad de estar constantemente pendiente del transcurso de la historia. En ocasiones, al mezclar la vida de las fuentes de las que quiere obtener información para escribir su novela y la intensa labor de investigación, hacen que se pierda el hilo de la historia.

Personalmente, no conocía al personaje de Sánchez Mazas, y no es hasta la segunda parte del libro cuando explica quién fue y lo que hizo. La convenida alianza y amistad de los soldados del bando contrario al de Sánchez Mazas es otro de los puntos a destacar de la novela. El pacto de protección mutuo llama especialmente la atención, y más cuando se estaba en guerra. La confrontación de ideologías en un momento así es determinante para decidir si vale la pena o no salvar la vida a una persona. ¿Por qué entonces los soldados republicanos (los “amigos del bosque”) escondieron a Sánchez Mazas? Si él fue uno de los incitadores para extinguir la República y ellos lo sabían, ¿mostraron piedad al principio o fue la amistad que se forjó después lo que le salvó? No me quedó claro este aspecto, pero supongo que por eso Cercas quiso escribir acerca de estos soldados que no delataron a Sánchez Mazas, para demostrar que no eran como él ni como los falangistas.

Sin embargo, también hay una contraposición entre los cargos que ocupa Sánchez Mazas a lo largo de su vida. Comienza escribiendo artículos, crónicas, etc., es decir, era un hombre de letras que luego se pasó a la política. Y son dos cosas muy diferentes: una cosa es escribir acerca de política e ideologías, y otra es dedicarse a ella. ¿Y cuál es más poderoso? Según se observa en el libro y en la vida de Sánchez Mazas, el poder de la palabra es mayor que su trayectoria política. Incitaba a la violencia con sus escritos para acabar con la República; ayudó con ello a crear la España de Franco; consiguió más falangistas adeptos, etc. Y sin embargo, apenas se esforzó en realizar bien su cargo político. Y para Franco, desquitarse de su labor política era símbolo de oposición. Una idea que se extrae de la lectura es si rechazar cargos políticos era una forma de oposición silenciosa. Al parecer, para Sánchez Mazas y otros muchos sí que fue así, ya que algunos de los que ayudaron a construir ese régimen se pasaron al bando contrario.

Por otro lado, otra figura clave es la de aquel solado que no delató a Sánchez Mazas en el fusilamiento. En la tercera parte del libro se crea la duda de si realmente fue Miralles o no. Este personaje es destacable porque es comprensible, es decir, no quiere recordar el pasado ni las guerras en las que participó; ya es demasiado anciano para volver a recrearse en él. Pero el periodista en muchas ocasiones revuelve el pasado para obtener información, tal y como hace Cercas. Y lo admirable de él es que no desiste hasta que considera que su libro puede darse por finalizado.

No obstante, cabe preguntarse si las personas con las que contacta y que casualmente conocen a alguien que pudo saber algo de lo que ocurrió con Sánchez Mazas son simples coincidencias o era pura suerte.

Por último, concluir que escribir sobre los héroes de guerra ayuda a no olvidarles, porque escribiendo sobre ellos se les recuerda. La Guerra Civil española ha dado mucho de sí para temas como este. Algunos como Miralles al principio, no son partidarios de remover el pasado; otros como Cercas quieren saber lo que ocurrió con ciertos personajes. Hay opiniones muy dispares al respecto. Una guerra que enfrentó a unos españoles contra otros, y que más tarde desembocó en el régimen franquista, no siempre es agradable que sea recordada. Sin embargo, escribir sobre los personajes secundarios que participaron en ella permiten recordar que no sólo son unos cuantos nombres importantes los que participaron en ella. Detrás de esos soldados había una historia, una vida que Javier Cercas ha querido, y ha logrado recuperar en esta novela.

César y Cleopatra, Bernard Shaw


Esta obra de teatro cuenta la historia de cómo el emperador Julio César llegó a Egipto, donde Cleopatra y su hermano se disputaban el trono. La obra se divide en cinco actos: el primero cuenta la invasión de Egipto por parte de César. Se alternan diálogos entre los romanos y los egipcios, lo que provoca la huida de Cleopatra. No obstante, César se las ingenia para dar con Cleopatra y engañarla para llevarle a su palacio. La joven ignora que está tratando con el enemigo, quien además la seduce para convertirla en reina. César provoca el cambio de carácter que se da en Cleopatra, que pasa de ser una joven ingenua y asustada a ser una verdadera señora del palacio.
El segundo acto está centrado en la intervención romana en la zona que han invadido. Los presentes discuten sobre qué van a hacer con este nuevo territorio y quién lo va a gobernar. En este segundo acto se ve el crecimiento interior que ha experimentado Cleopatra, quien trata de comportarse como una auténtica reina impulsada por el apoyo de César.
El tercer acto narra lo despiadada que se vuelve Cleopatra al amenazar de muerte a las personas que la rodean para conseguir lo que quiere. En este acto también se muestran las tácticas de César para manejar a sus enemigos. El cuarto acto cuenta la acusación de traición de la que es parte Cleopatra ante el asesinato de Potino, quien la había acusado de desear la marcha de César para poder gobernar ella sola. En el quinto y último acto César anuncia a Cleopatra que ha ordenado como gobernador a Rufio, quien asesinó a la principal sirvienta de Cleopatra, Ftatatita. La obra finaliza con la marcha de César de Egipto y la promesa de éste de que enviará a Marco Antonio para que Cleopatra le conozca.
Estilo
Al ser una obra de teatro, la forma de escribir la obra es dialogada, con pequeñas explicaciones entre paréntesis sobre cómo actúan los personajes ante determinadas situaciones, o descripciones sobre los espacios donde se desarrollan los acontecimientos. El estilo que utiliza el autor para las expresiones que utilizan los personajes es un tanto refinada, ya que al tratarse de una obra antigua requiere de un vocabulario acorde con la época y la situación que está narrando. En ocasiones el desconocimiento de la cultura egipcia y romana dificulta la lectura, ya que el lector puede no conocer las disputas que había entre persas y egipcios, por ejemplo, o las ansias de gobernar los territorios conquistados de los hombres cercanos al César.
Novedad y originalidad
La originalidad que observo en esta obra es la relación que existe entre César y Cleopatra. El desconocimiento que tiene ella de él en el primer acto hace pensar que es un personaje manipulable, y así se ve en la obra. Pero lo que aprende de César se vuelve en su contra a lo largo de la historia. Él consigue hacer de Cleopatra una reina hasta tal punto de que ella quiere deshacerse de él. Esta circunstancia hace de Cleopatra una joven despierta y avispada, pero que en determinadas situaciones se comporta como alguien infantil y mimado. En cierto sentido es un personaje bipolar e impulsivo que sirve como contraste a la racionalidad estratégica característica de César. El autor por tanto muestra a la perfección dos polos opuestos en los protagonistas de la obra, en los que la razón se impone a la impulsividad.
Valoración
César y Cleopatra se caracteriza principalmente por los juegos ocultos que realizan los personajes de cada bando. Refleja los intereses personales que tiene cada individuo para llegar al poder y conservarlo, y cómo hacen lo posible para lograrlo, aunque tengan que cargar con varias muertes bajo su conciencia. No obstante, las muertes están 'justificadas' en el sentido de que el autor logra que nos pongamos en la situación de ciertos personajes y concibamos como normal algo que en nuestra época no lo es, como es la muerte por venganza. Por ello creo que el autor logra reflejar muy bien el ambiente de la historia, época de conquistas, guerras y traiciones.
Me ha llamado especialmente la atención la evolución del personaje de Cleopatra. Comienza la obra siendo una joven asustada e ingenua que no es capaz de dar órdenes a sus sirvientes. Pero cuando conoce a César y éste le impulsa a comportarse como una auténtica reina, su carácter se transforma hasta el punto de ser despiadada para conseguir gobernar ella sola. Sin embargo mezcla estas características con cierta niñez e inmadurez, que se refleja en el trato que tiene con César. En ocasiones aparece reflejada como una niña mimada, y en otras sabe perfectamente lo que quiere y cómo conseguirlo. Ese juego entre ingenuidad e inteligencia hacen interesante al personaje, hasta el punto de no saber qué es lo que trata realmente.
También me ha resultado llamativo la gran diferencia de edad que hay entre César y Cleopatra, y cómo el primero consigue, gracias a su experiencia, ponerse en la piel de la joven. Lo que me sorprende es cómo un personaje tan autoritario y feroz como César tiene un trato tan peculiar con Cleopatra. Tal vez es esa manipulación característica del romano la que hace hablar con Cleopatra como lo hace, para conseguir lo que él quiere. 
No obstante, el punto negativo que veo a esta obra es que hay demasiados personajes y apenas se explica quién es quién, por lo que crea cierta confusión. En ocasiones no me quedaba claro quién era romano y quién egipcio, quién estaba a favor de César y quién con Cleopatra.


miércoles, 1 de mayo de 2013

La máquina del tiempo, H.G.Wells


Autor y obra: La máquina del tiempo de H. G. Wells
Género: Novela de ciencia ficción
Contenido
La novela cuenta la historia del Viajero a través del Tiempo, un científico que narra sus aventuras a un grupo de hombres a los que ha querido enseñar su máquina del tiempo. El objetivo del científico era descubrir el futuro de la humanidad en el año 802.701, y a lo largo de la novela va desarrollando varias hipótesis sobre la lucha entre clases sociales que ha llevado a la humanidad ante tal situación.
Sin embargo cuando se encuentra en el futuro observa que los Eloi, los habitantes de esa época, son muy simples y que sienten un miedo intenso a la oscuridad y al subsuelo. Más tarde descubrirá que en esa oscuridad habitan otros seres, los Morlocks, que se alimentan de la carne que cazan. Pero ese no será su único problema. El Viajero tendrá que recuperar su máquina del tiempo, ya que los Morlocks se han hecho con ella. 
A lo largo de la novela se narran los descubrimientos que hace el protagonista en una tierra desconocida para él en compañía de una Eloi, Weena; así como la lucha por la supervivencia que tiene que librar para volver a su época, aunque no por mucho tiempo...
Estilo
El autor de la obra escribe esta novela desde el punto de vista de dos personajes: el primero es uno de los hombres que presencia la historia del viajero; y el segundo desde la experiencia del Viajero del Tiempo. Todo está narrado en primera persona, lo que facilita que el lector se introduzca en la historia que está leyendo, imaginándose las aventuras del protagonista como si fuera él mismo.
Otro punto a destacar de la novela son las detalladas descripciones que hace el autor, ya sea del paisaje, de los habitantes o de todos los aspectos de la máquina del tiempo. Con ello logra una imagen precisa de lo que se quiere representar, ya que no se pueden buscar comparaciones entre el futuro y el presente, que es lo que intenta el protagonista.
Valoración
La novela en sí se centra en la lucha de clases que conlleva a la degeneración y destrucción de la raza humana tal y como la concebía el científico en su época. Sin embargo son las suposiciones que hace el protagonista a partir de lo que él conoce, ya que en un futuro más próximo podrían suceder muchas más cosas que influyeran en que los humanos no existieran como tal en el futuro. Se ve por tanto cómo siempre el ser humano intenta establecer una comparación o equivalencia de lo desconocido con lo que ya conoce. Es decir, siempre intenta encontrar la similitud de lo desconocido en lo conocido, cuando se puede observar que en el futuro las cosas son muy distintas a lo que conoce el protagonista.
También es destacable el ansia de supervivencia, adaptación y comprensión del nuevo mundo que descubre el científico. No intenta cambiarlo como hacen los humanos cuando llegan a un sitio que no conocen, ni trata de implantar sus costumbres. Se limita a observar y tratar de comprender, lo que parece demostrar el respeto que se debe tener con otras culturas que no son como la nuestra.