Social Icons

twitterfacebookgoogle pluslinkedinrss feedemail

jueves, 2 de mayo de 2013

Azorín y el cuento


Prólogo de “Cavilar y cantar”: El cuento es cosa moderna; nace con el periódico; la necesidad de constreñir la narración a una o a dos columnas hace que surja el cuento, narración abreviada.
  • Un cuento es una narración breve que puede estar o no basada en hechos reales, y cuya trama es protagonizada por un pequeño grupo de personajes que dan vida a un argumento normalmente sencillo. Sin embargo, los cuentos de Azorín tienen su toque personal.
  • Coordina muy bien los personajes,  que son reflejo de la vida real.
  • Escribió más de 400 cuentos.
  • “El mejor del género en el siglo XX”, aseguran muchos autores sobre Azorín.
  • Se formó en círculos periodísticos, hecho que se nota en su forma de comunicar.
  • El brote de diversos periódicos popularizó estos relatos cortos. Fue una gran oportunidad para jóvenes escritores como Azorín.
  • Los primeros cuentos de Azorín se hacían exclusivamente para ser publicados en periódicos. Fue más tarde cuando hizo textos aparte.
  • Trama muy importante. Finales abiertos para que el lector intente dar respuesta a las cuestiones.
  • No es un relato corto en el sentido moderno, porque profundiza en los personajes y sus relaciones.
  • Tres categorías de lectores: aquellos que se conforman con una historia convencional, a los que les gusta el ensayo (se acerca más al mundo filosófico de las ideas) y los que se centran en los perfiles de los personajes (no ocurre “nada” hasta el final).
  • Las acciones favoritas de Azorín para sus cuentos, no son nada espectacular, y resultan cercanas al lector.
  • Contenido intelectual, exposición lúcida del autor.
  • “La casa cerrada”. Diferencias entre La Mancha y Levante, en el que evoca figuras literarias como Segismundo, Sancho o Tomás Rodaja.
  • Aunque los temas de sus cuentos son variados, hay unas notas comunes en todos ellos: minucioso detalle de los personajes y las cosas, tono poético y misterio.

Cien artículos de Azorín en la prensa, Verónica Zumárra


En esta obra podemos contemplar cien artículos que han sido recogidos y rescatados de Azorín y su relación con la prensa. Muchos de ellos están escritos de su puño y letra, obras que escribía fundamentalmente para el diario La Prensa de Buenos Aires. En el año 1929 se encuentra la primera referencia en la que Azorín emplea la máquina de escribir, anteriormente los tipógrafos realizaban la dificultosa labor de componer su letra.

A partir de 1916 los artículos de Azorín encontraron un primer lector americano. Su clara función periodística buscaba conquistar a un lector indeterminado, al habitante de la gran cultura hispánica. La primera colaboración de Azorín en La Prensa está fechada de marzo de 1916 hasta enero de 1951. La autora se centra en los primeros años por ser los más atractivos y menos explorados. Durante esos primeros años publicó 670 colaboraciones. Los años restantes aportan un total de 314 artículos. La mayoría de ellos no fueron recogidos en libros y por lo tanto no han vuelto a ver la luz.

El diario de Buenos Aires le brindó a Azorín las mejores páginas. La mayoría de ellos aparecieron en el suplemento literario del domingo. Antes de que existiera este suplemento se publicaban en los días hábiles. Debe ser objeto de estudio tanto para argentinos como españoles por su variedad de contenidos y calidad de técnica de impresión cuyos colores se mantienen intactos a pesar del paso de los años. 

Todos los artículos que se recogen en esta obra tienen características en común. Todos ellos pertenecen al primer período que transcurre de  1916 a 1936 y no tuvieron una segunda publicación. Los artículos debían responder a las características del “periodismo inactual”, término que inventó el propio Azorín refiriéndose a la necesidad de escribir no solo de tema de actualidad sino cual tema interesante para el ser humano. Esta inactualidad  es la característica sobresaliente de los artículos de Azorín publicados en la Prensa.

En todos sus artículos también observamos cierta espiritualidad y que logra que emocione y conmueve a l lector. Es notable la percepción del tiempo de escritura y el cambio con la adopción de la máquina de escribir. Otro ingrediente común es que Azorín siempre se remonta a un libro a un autor referente. En esta obra está divida su vida según temas con el fin de abordar el material abundante en: viajes, paisajes, política, crítica de autores clásicos y modernos, teatro, estilo, periodismo, y el verdadero culto que profesa por América.

Excelente información, distribución y columna editorial fueron los ingredientes que dotaron a La Prensa para llegar a ser unos de los periódicos más importantes del mundo. El autor alicantino formó gran parte de ello. Azorín con setenta años de vida productiva y más de ocho mil artículos publicados. En el plano profesional sostenía que un “periodista no debe cambiar jamás de periódico” y que tanto él como el director deberían de ser fieles a los lectores que el periódico ha sabido ganarse. 50 años en ABC y 35 años en La Prensa fueron suficientes para alcanzar este pensamiento. 

Azorín creía que en el siglo XX las grandes empresas periodísticas irradiaban la luz cultural y por lo tanto un director de medio tendría más repercusión que un ministro. Pero lo más importante es la labor que concede a un colaborador de un periódico, consideraba que eran ellos quienes le daban el sentido. Uno de los artículos más significativos sobre este ámbito es “Sobre la vejez del periodista” de 1933.

Esta obra también otorga una especial mención a Francisco Grandmontagne. Fue la persona que hizo posible que los argentinos leyeran las colaboraciones de Azorín.  Otros intelectuales que también tienen su hueco en esta obra y que la tuvieron a lo largo de la vida del autor fueron Unamuno, Maeztu o Pío Baroja. 

Por otro lado un especial recuerdo por los clásicos del siglo XVI y XVII. El autor los aborda con libertad, originalidad y erudición. También postulaba que la amenidad debía ser la primera virtud de un periodista. Algunas de su referencias clásicas más importantes son: “La evolución del Quijote” con sus referencias a Cervantes, “Garcilaso” donde realiza una crítica directa a Marcelino Menéndez, “Góngora Club” que propone un acercamiento al poeta cordobés, “Francisco de Quevedo” en el que hace una valoración del artista como un gran solitario. Y también oraciones cortas dedicadas a Lope de Vega. 

En cuanto a los modernos esta obra se retiene relatando las figuras del siglo XIX en opiniones de Azorín tituladas como “El centenario de Pereda” y “El centenario de Pedro Antonio de Alarcón”, ambos tienen la misma base ideológica. Como se puede controlar la base de la mayoría de sus artículos son políticas pero por el contrario no trata temas manifiestamente políticos. Su paisaje retratado es siempre rural y urbano con el propósito de desentrañar un misterio. Esta obra también realiza un recuerdo a los viajes del escritor por Francia. Azorín hizo referencia de ellos tanto en sus artículos para ABC, como en La Prensa y en su obra “París Bombardeado”. 

Azorín otorga grandes capacidades al teatro y lo consideraba como el instrumento que más ayudaría a expandir el espíritu español en América. Sus artículos en este tema son numerosos, algunos de los más destacados son: “En torno a la crisis teatral” y “El teatro en España”. 
Los cien textos seleccionados se estructuran en diez grandes apartados en los que se abordan aspectos variados y muy representativos de estas tres décadas y media de colaboración ininterrumpida. Pese a la originalidad de algunas de sus novelas más celebradas, existe un amplio consenso entre los especialistas a la hora de admitir que el género en el que mejor se reveló el genio azoriniano fue el del artículo periodístico. “Cien Artículos de Azorín en la Prensa” es testigo de ello. 

Azorín y el Periodismo


La obra periodística de los últimos años del siglo XX y primeros de este siglo han sido olvidados. Gracias a la publicación de don José García Mercadal conocemos muchos artículos de prensa fechados a partir de 1904. Sin embargo, sus artículos, ensayos, y cuentos entre 1894 y 1904 son poco conocidos. 

El objeto del artículo “Una bibliografía anotada del periodismo de José Martinez Ruiz (Azorín)  publicado por E. Inman Fox es dar a conocer la obra juvenil de José Martinez Ruiz. el futuro Azorín, con una bibliografía anotada de su periodismo. 

Si analizamos los artículos dedicados a Baroja, Maeztu y Unamuno podemos observar el contacto intelectual que existía entre aquellos jóvenes que formaban la Generación del 1898. 

José Martínez Ruiz sufrió un cambio de actitud debido a la situación socio-política de España y también a su propia evolución estética. En un principio el joven José Martínez Ruiz colaboró en periódicos únicamente radicales o progresistas tales como El Pueblo de Valencia, El País, El Progreso, La Campaña, El Globo y Alma Española y su labor es significativa por ser teórico y propagandista del movimiento anarquista. 

En estos primeros artículos destaca un hondo interés en los libros y el trabajo de Kroptkin, Faure, Pi y Margall y Hamon. Además aplica las teorías anarquistas-comunista a acontecimientos cotidianos de la vida española como el asesinato de Novelda (1896), los tormentos de Montjuich (1897), la inundación de Valencia (1897), el caciquismo de Málaga (1902), etc. Y también reflexiona en un plano más filosófico sobre la implantación de la ley de divorcio, la abolición de la propiedad y la supresión del Parlamento. 

En una segunda etapa, sus artículos giran en torno a la crítica literaria. Los artículos destacados de esta época son “Avisos del Este”, “En Lara” en El Progreso y “La farándula” en Alma Española con una interesante descripción histórica y crítica sobre los teatros, los actores y las obras presentadas. José Martinez Ruiz tiene una gran preferencia por el teatro pues casi toda su obra está escrita de forma dialogada pero no es hasta el final de su carrera cuando cultiva este género literario. 

En una tercera etapa, se produce un cambio de pensamiento debido a la influencia que ejerce sobre su pensamiento Clarín. Este cambio de orientación se observa claramente en los escritos de finales del año 1903 y principios de 1904. En este año asume el seudónimo de Azorín lo que es significativo de un cambio radical de pensamiento

La admiración recíproca entre Azorín y Clarin se remonta hacia el año 1897 cuando Clarín define al entonces anarquista Azorín como persona que “tiene más enjundia literaria que muchos afectados escritores festivos que hacen alarde de no tener ni pizca de sustancia”. En el mismo Palique Clarín afirmará que si Martínez Ruiz publica muchos trabajos como el titulado Mi crítico se convertirá en una de las esperanzas de la literatura satírica. Los artículos de Azorín publicados en El País son elogiados por Clarín, circunstancia que supone el inicio de una profunda amistad y el acatamiento moral del discípulo por la obra y personalidad de Clarín. A partir de este preciso momento Azorín reconocerá públicamente el magisterio ejercido por Leopoldo Alas. El crítico más reputado y temido de la época se mostrará comprensivo y elogioso a la hora de juzgar la obra de Azorín. En posteriores ocasiones la correspondencia mantenida entre ambos demostrará el fervor y entusiasmo que Azorín sintió por Clarín a quien llamó “maestro de la juventud” en el tercer número de El Progreso, en la sección conocida con el nombre Avisos del Este. En la misma dedicatoria del libro Soledades de Azorín hará gala una vez más de su amistad y admiración hacia Clarín al encabezar el libro con la siguiente dedicatoria: “Para el maestro Leopoldo Alas. Recuerdo de un discípulo que sigue y agradece sus consejos”.

Para finalizar el artículo “Una bibliografía anotada del periodismo de José Martínez Ruiz”, E. Inman Fox nos enumera hasta unos doscientos cincuenta artículos publicados entre 1894 y 1904. Estos artículos se encuentran enumerados cronológicamente y seguidos de un breve resumen del contenido de cada artículo y algunos de ellos con comentarios curiosos. Además cita los lugares en los que se encuentran disponibles las revistas o periódicos consultados para realizar esa enumeración con la que pretende ofrecer una visión más amplia del ambiente intelectual español en los años tratados y del desarrollo periodístico del joven Azorín. 


Azorín y la Generación del 98






Hay figuras que siempre quedaran en el recuerdo. Algunas de ellas son: Azorín, Baroja, Valle-Inclán, Unamuno, Benavente, Antonio Machado,… Azorín fue quien las puso una etiqueta generacional: La Generación del 98. En febrero de 1913 escribe cuatro artículos para el periódico ABC sobre dicha generación. Una generación primero encasillada como la de 1896.

Ramón Gómez de la Serna biógrafo de Azorín en un libro expresó que son los libros que casi no han tenido éxito los que influyen en la creación como tal de una generación. Fueron los universitarios y aprendices de los años veinte los que se encargaron de su propagación y de la primacía de esta generación. Ésta se caracterizaba por el color sentimental, español y respetuoso y por la fundación de la revista España

Azorín tardó en ser académico de la Real Academia Española pero durante su vida se le realizaron numerosos homenajes como el de Aranjuez. El autor publicaba de tiempo en tiempo para mantener el nombre de la generación a la que él había dado nombre y se sentía con gran orgullo de pertenecer. Conmueve siempre la generosidad que despliega sobre sus compañeros y también por los que no pertenecían a su generación. 

Una de las máximas de Azorín fue el respeto a la intelectualidad y la verdad. Citaremos a continuación varias de las publicaciones en las que participó a lo largo de su vida y que me recen renombre: Arte Joven, Juventud, El Globo, España,… Azorín como representante de su generación consiguió lleva al idioma a ese punto en el que lo nuevo y lo viejo se encuentran, dando carácter de actual a la tradición.

Ricardo Baroja quiso escribir un volumen titulado Bohemia del 98, finalmente lo tituló Gente del 98. Azorín publicó en 1897 su Bohemia. Otros nombres que no debemos olvidar como Valle-Inclán, Jacinto Benavente, Maeztu, Unamuno, Rubén Darío, Ruiz Contreras, Bernardo G de Candamo,… 

Los hombres de la Generación del 98, como todas generaciones, se agrupan por perfiles similares y ardientes dudas comunes pero siempre existen diferencias. La del propio Azorín y Maeztu a causa del estreno de Electra es conocida. También entre Valle-Inclán y Manuel Bueno. O también el de Baroja con Unamuno y Valle-Inclán. Y también las anécdotas de Cornuty llamado “literator” por literato y escritor. Azorín y Pío Baroja intervinieron en el debut de la chelito que llegaría a ser reina del género llamado psicalíptico

Los escritores posteriores consideran que ésta ha sido en esencia la última generación romántica en España. Sus componentes fueron independientes y románticos. Como decía Azorín esta generación intenta resucitar los poetas primitivos como Góngora o Santillana, siente un amor por los viejos pueblos y el paisaje,… Entre los españoles que han estudiado con detalle dicha generación encontramos a Melchor Fernández Almagro y su En torno al 98; y Pedro Laín Entralgo en su estudio La Generación del 98.

La amistad entre Azorín y Pío Baroja duró toda la vida. Es destacable que para este segundo no admitía la existencia de una generación en la cual se le atribuía.  Por su parte Azorín se planteaba con que ojos el lector del siglo XXI, XXII y XXIII contemplaría a los escritores de la tal Generación del 98. Como afirmaba su creador “la generación existe, existe independientemente de su historicidad. Si se cree en ella, existe”.

Azorín, su biografía


José Martínez Ruiz nació en Monóvar (Alicante) el 8 de junio de 1873. Hijo de un abogado y acomodado político conservador, estudió el bachillerato en los escolapios de Yecla y Derecho, que no terminó, en la Universidad de Valencia. 

Se dedicó toda su vida al periodismo. Comenzó a publicar en muchos periódicos como La Educación Católica de Petrer, El Defensor de Yecla, El Eco de Monóvar, El Mercantil Valenciano y El Pueblo

En noviembre de 1896 se estableció en Madrid y colaboró en periódicos republicanos como El País, El Progreso, después con El Imparcial; durante muchos años, con ABC y diversas revistas. En esta última, apareció por primera vez el seudónimo Azorín firmando un artículo.

Sus inicios estuvieron marcados por una sensibilidad de carácter anarquista como lo demuestra sus primeros títulos: Notas sociales (1896), Pecuchet demagogo (1898).  Sus ideas políticas y religiosas evolucionara a un conservadurismo en su madurez. Durante esos años viajó intensamente por tierras de la meseta castellana, para conocer tanto su paisaje como la situación de sus gentes, entonces de extrema miseria. Compartió, junto a Ramiro de Maeztu y Pío Baroja, gran admiración por las obras de Nietzsche, Michel de Montaigne y Rainer María Rilke. 

Su filosofía se centra en una obsesión por el Tiempo, por la fugacidad de la vida. En su obra se observa una íntima tristeza, una melancolía que fluye mansamente junto a un anhelo de apresar lo que permanece por debajo de lo que huye, o de fijar en el recuerdo las cosas que pasaron. En definitiva, Azorín vive para evocar, es un contemplativo. Con Baroja y Maeztu formó en 1901 el grupo de los tres, núcleo original de la Generación del 98.

Su trilogía narrativa, compuesta por los volúmenes La voluntad (1902), Antonio Azorín (1903) y Las confesiones de un pequeño filósofo (1904), provocó una  reflexión personal que le llevó a cambiar radicalmente sus posiciones políticas. Desilusionado, paso a adoptar un ideario conservador.
Se adhirió al maurismo, fue cinco veces diputado, entre 1907 y 1919, y dos veces subsecretario de Instrucción Pública. Se negó a aceptar nuevos cargos en la dictadura de Primo de Rivera. Durante la I Guerra Mundial fue corresponsal de guerra, y obtuvo la Legión de Honor del Gobierno de Francia. Destacó también por ser un viajero extraordinario por España, en cambio, viajó muy poco al extranjero.

En mayor de 1924, fue elegido miembro de la Real Academia Española, aunque nunca fue muy activo. Al estallar la Guerra Civil española huyó de Madrid y vivió en París. Al finalizar la contienda, regresó a España en 1939. 

De su obra literaria, cabe distinguir las novelas anteriores a la Guerra Civil, Don Juan (1922), Doña Inés (1925), Félix Vargas (1928) o Pueblo (1930), donde Azorín ensaya  con nuevas técnicas narrativas; y las posteriores a la contienda civil, donde regresa a su estilo tradicional. De estos últimos años, destacan: El escritor (1941), María Fontán (1943), La isla sin aurora (1944) o Con permiso de los cervantistas (1948).

Con una larga trayectoria en la prensa española, se incorporó a La Vanguardia como crítico literario. Sus trabajos le convierte, en  uno de los críticos más destacados que escriben en La Vanguardia en el primer tercio del siglo XX. 

El 2 de marzo de 1967, José Martínez Ruiz fallecía, a los 93 años, en su domicilio madrileño. El último superviviente de la Generación del 98 fue durante toda su vida un articulista asiduo en numerosos diarios.

¿Literario o periodístico?


Literatura y periodismo han estado relacionados desde los orígenes de ambos, antes incluso del surgimiento de estos conceptos.
Como origen del periodismo y de la literatura se nombra con frecuencia a los juglares y trovadores, que se encargaban de transmitir oralmente las noticias e historias que circulaban de boca en boca en la Edad Media. Puede considerarse el principio, ya que los ciudadanos que no estaban vinculados al comercio y apenas se movían de sus hogares, solo tenían esta manera de informarse de lo que ocurría en otros lugares. Sin embargo, en esa época periodismo y literatura estaban más unidos que ahora, porque las noticias se difundían oralmente y no se podían saber con certeza los cambios sufridos por la historia desde que acontece hasta que llega de la palabra de un juglar a alguna población. Seguramente los trovadores y juglares adornaban a menudo las noticias para que resultasen más interesantes a sus oyentes, por lo que no es información como la conocemos hoy día pero sí se puede decir que es el inicio del periodismo.
Algunas obras consideradas literarias muestran características periodísticas, como por ejemplo el Poema de Mio Cid que puede verse como un reportaje eminentemente realista, La Odisea como reportaje periodístico, La Ilíada como crónica y El Quijote que muestra mejor que ningún tratado histórico el proceso de desintegración de la estructura del feudalismo europeo. En estas obras se vuelve a observar la relación literatura-periodismo.
En 1702 surgió el primer periódico en Inglaterra y la mayor parte de los escritores de la época pasaron por la prensa, aunque muchos de los mismos solo eran colaboradores literarios. Cuando el periodismo adquiere razón de ser es en el siglo XIX, cuando la difusión de la literatura a través de los libros fue minoritaria, y se dio más a través de los diarios. Como consecuencia de la mayor dependencia de la prensa hacia al público, en lugar de hacia los partidos políticos como ocurría hasta entonces, apareció el periodismo literario y el folletín. Este se constituía de una novela separada en capítulos, apareciendo uno en cada número del periódico y dejando un final intrigante para que el lector volviera a comprar el diario para seguir leyendo el siguiente episodio.
Algunos literatos solo colaboraban en prensa por motivos económicos, ya que muchos no podían ganarse la vida simplemente con su obra. Muchos autores coinciden en que son los escritores los que han levantado el género periodístico a la categoría que hoy tiene. García Márquez también insistía en la extendida idea entre los escritores de que “el periodismo escrito es un género literario”. 
Dos ejemplos de la relación entre periodismo y literatura son las obras “Todos los hombres del presidente” y “A sangre fría”. Tanto los autores son periodistas y escritores, como el contenido de la novela mezcla ambos géneros.

Todos los hombres del presidente (All the President’s Men, 1974) es un libro de no ficción escrito por Carl Bernstein y Bob Woodward, dos periodistas de “The Washington Post” que investigaron el caso “Watergate”. En 1976, el libro fue adaptado en la película homónima dirigida por Alan Pakula y protagonizada por Robert Redford y Dustin Hoffman. Se llevó cuatro premios en los Óscar.
A sangre fría (In Cold Blood, 1966) es una novela del periodista y escritor estadounidense Truman Capote. Narra el brutal asesinato de una familia de Kansas, enlazando la narrativa tradicional con un reporte periodístico. En 1967, Richard Brooks dirige, escribe y produce una película basada en la novela de Capote, que fue nominada a cuatro Óscar.



Literatura y Periodismo en el siglo XXI, Félix Rebollo Sánchez




Mercantilización de la crítica literaria en prensa

En un primer lugar, estoy de acuerdo con una de las primeras ideas que se presentan en el capítulo: el periodismo está al servicio de los intereses de las empresas. Lo que ahora interesa es llegar al máximo público posible para conseguir mayores ingresos. Es por eso por lo que en parte, los contenidos de la prensa se han ido deteriorando al querer buscar más al lector comercial que al lector literario. Si se incluye la crítica literaria dentro de este tipo de prensa, por extensión también tendría que estar mercantilizada.

Pero para comprender esta situación de nuevo hay que remontarse a décadas anteriores. Durante el franquismo no se permitía la crítica en ningún lugar, y menos aún en la prensa. Ésta era utilizada con fines propagandísticos del régimen. Se podría decir que esa represión de la crítica dio como resultado que la crítica en la prensa esté tan deteriorada en la actualidad. No obstante, la crítica se fue abriendo espacio en el teatro y en el ámbito de los libros. A pesar de ello, se realizaban con muchas restricciones por miedo a las repercusiones, por lo que se extrañaba una crítica “sincera”. Al someterse en este contexto a las doctrinas del régimen, se puede hablar ya de una mercantilización de ella, ya que se guiaba por esos intereses y no por los propios del escritor. 

Por otro lado, no estoy de acuerdo con la idea que se da en el texto que alude a los años 60, en donde se expone que “La razón, no el sentimiento, rige el proceso de creación artística”. Lo artístico es sentimiento, es creación subjetiva. ¿Cómo guiarse sólo por la razón para escribir una crítica? Hacen falta unos sentimientos de descontento o agrado para poder exponer unos argumentos razonados.

A su vez, me gusta la idea de que el crítico tiene que saber y conocer el tema del que habla; debe entender un texto y explicarlo para que el lector pueda reflexionar sobre él. El crítico debe despertar una actitud crítica por parte del lector. Sometiéndose a los intereses del mercado no realiza esta función. Si sólo busca llegar al máximo de lectores, su creación quedará incompleta porque no ha realizado el fin para la que fue creada. El crítico debe despertar nuestras mentes, no basta con decir “pues sí, tiene razón en lo que dice”; es muy fácil someterse a las ideas que nos venden los periódicos.

Para ir finalizando, no creo que se le pueda exigir al crítico objetividad. La labor del crítico es dar su opinión sobre una novela, por ejemplo. Deberá saber de lo que habla, como ya he dicho anteriormente; podrá tener más o menos relevancia en quienes lo lean, pero si se pide objetividad al crítico estará haciendo una reseña del libro, no una crítica.

Por último, coincido en la idea de que el periodista está sometido a los intereses editoriales. ¿Podría haber un pacto entre el crítico literario y la editorial para vender más o menos ejemplares, dependiendo de lo que escriba el primero? Esto sería ser un poco retorcido, pero no es tan disparatado de creer. Estaríamos aquí hablando de publicidad, no ya de crítica. Pero volviendo a la idea del principio, lo que se busca ahora es llegar al lector consumista, así que, ¿por qué no realizar propaganda –ya sea de un libro o unas ideas- a través de la crítica? En definitiva, es lo que se da en la actualidad, y personalmente echo de menos la creatividad característica de este género.